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6 horas de pánico

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Pasado el mediodía (hora de Nueva York) de este lunes pasado, el mundo completo se sorprendió, se angustió y muchas de ellas se desesperaron al ver que sus mensajes digitales no salían de sus bandejas e intentaban afanosamente enviar o esperaban recibir un mensaje. Todo el mundo reseteaba sus teléfonos móviles y sus computadoras personales insistiendo, conectando y desconectándose de las redes de internet y nada, las tres aplicaciones de mayor uso en el mundo entero, al mismo tiempo, simplemente dejaron de funcionar y así como si fuera un ataque terrorista el mundo entro en pánico.

Este hecho, que fue solucionado 6 horas después, nos debería llevar a escribir un tratado sobre el comportamiento humano de la segunda década del siglo XXI , los efectos que causó en cada uno de los usuarios, muchos de ellos enviciados al uso de las redes sociales más populares del planeta, alertó sobre un problema mayúsculo de dependencia de estas aplicaciones, como si se tratara de una droga o de un estupefaciente. Y así como se describe al síndrome de abstinencia millones de jóvenes y personas en el mundo entraron en depresión, pánico y terror al ver que sus comunicaciones habían dejado de existir.

Los vendedores de plataformas que usan las redes para vender, enloquecieron. Las madres que esperan tener noticias de sus hijos y viceversa se angustiaron y así como muchos millones de personas se sintieron desnudos y con frío al saber que no podían comunicarse digitalmente, y no hay duda que independiente de las causas que provocaron este apagón cibernético, está muy claro el poder que tiene Mark Zuckerberg sobre la humanidad.

El incidente causó muchas pérdidas económicas, sin duda, y la fortuna personal de Mark Zuckerberg se redujo en más de 6.000 millones de dólares en esas seis horas, pasando del cuarto al quinto puesto en la lista de los más ricos del mundo, según datos de Bloomberg, después de que Facebook, Instagram y WhatsASpp dejaron de dar sus servicios por 6 horas y que dejó a sus 3.500 millones de usuarios sin poder enviar mensajes y publicar en esas redes sociales, subrayando la dependencia mundial de las plataformas propiedad del gigante de Silicon Valley.

En un blog de disculpas, Santosh Janardhan, vicepresidente de infraestructura de Facebook, dijo que “los cambios de configuración en los rúters de la red troncal que coordinan el tráfico de red entre nuestros centros de datos causaron problemas que interrumpieron esta comunicación”. Pero veamos, este incidente ha puesto en evidencia la vulnerabilidad de las conexiones digitales y la debilidad del sistema sobre el que se asienta el funcionamiento de la red en un momento en el que empresas y usuarios dependen más que nunca de sus servicios, pero también ha puesto en evidencia el poder insospechado que tiene el dueño de Facebook sobre la humanidad y lo que está claro es que esta empresa y su dueño poseen más poder que los gobiernos de todas las potencias mundiales juntos porque el mundo simplemente se paralizó.

Obviamente, como siempre surgen teorías conspirativas que señalan que este apagón fue a propósito con el objetivo de mandar un mensaje al mundo sobre quién detenta el poder, y aunque solo serviría para guion de una película de espías, es propicio parar y aprovechar este incidente para reinventar las comunicaciones y obviamente las interrelaciones personales.

Las llamadas telefónicas, las conversaciones personales y el contacto físico siempre serán las mejores formas de comunicarse y de expresar los sentimientos humanos, sean estos de cualquier índole. Las redes sociales son parte de la vida de todos los seres humanos del planeta; sin embargo, ahora que ha pasado este incidente, debemos valorizar más nuestras relaciones interpersonales directas para el bien y para la salud de la sociedad.

Juan Manuel Arias Castro es Economista


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