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A 14 años del enfrentamiento entre mineros

Ramiro Ramos Andrade 7/10/2020 05:00

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La llamada capital del estaño boliviano, Huanuni, aparte de ser un tradicional centro minero, se caracteriza por tener una sociedad pacífica, laboriosa y alegre.

Pero algo falló aquellos fatídicos 5 y 6 de octubre de 2006, en el que dos bandos de mineros o “khoyanchos” que desarrollaban sus tareas en las entrañas del Khoya Orcko o cerro Posokoni se enfrentaron.

Pero contextualicemos: luego de la relocalización de 1986, en la que Huanuni quedó convertida a algo así como una ciudad fantasma y que, si bien algunos se quedaron, tuvieron el coraje de aguantar laborando el estaño pese a su ínfimo precio en los mercados internacionales.

Luego fue repoblándose paulatinamente con gente llegada mayormente de las minas del norte de Potosí, debido al agotamiento de las vetas de sus centros mineros, (Llallagua, Uncía, Catavi, entre otros) y tras recuperarse el precio internacional del metal de diablo, se crearon las hoy inexistentes cuatro cooperativas: La Salvadora, Libres, Karazapato y Playa Verde.

De manera silenciosa empezó a generarse una especie de “guerra fría” por la posesión de más áreas de trabajo, ya que los huanuneños en su mayoría dependían de la Empresa Minera Huanuni en un número de 800 trabajadores, mientras que las cuatro cooperativas llegaron a reunir a unos 4.000 trabajadores aproximadamente; el Posokoni estaba dividido en dos partes a la altura del nivel 200. 

Evo Morales, que era candidato, se alió a los cooperativistas prometiendo darles más áreas de trabajo a cambio de votos; lo que, por supuesto, no cumplió.

Esa mañana de octubre 5, según cuentan algunos amigos excooperativistas, fueron convocados a una asamblea general de las cooperativas en la bocamina de Dolores, donde decidieron avasallar el área correspondiente a los trabajadores de EMH entrando a dichas instalaciones por las cercanías de la bocamina Patiño; estos no se dejaron avasallar, respondieron con lo que tenían a mano y los hicieron retroceder, replegándose los cooperativistas a las alturas del cerro Posokoni.

Ya difundido a nivel nacional este enfrentamiento fratricida, veíamos muchísimos heridos, colapso del hospital del pueblo, se vivía en una sicosis total.

El Gobierno no hizo absolutamente nada para detener dicho conflicto durante el día, incluso, el segundo mandatario en su impotencia se ofreció a “regalar ataúdes para los muertos”; solo por la noche llegó una comisión que se reunió con los dirigentes de ambos bandos antagonistas en la catedral de Huanuni, pero sin resultados. 

El 6 de octubre amanecimos con dinamitazos por doquier, los terribles “llantazos”, -llantas cargadas de dinamita y “anfo”- con mecha encendida que descendían desde las alturas del Posokoni lanzados desde el camino a Llallagua con el fin de destruir la infraestructura de la EMH. Hubo temor, marchas pidiendo la paz, llanto de niños y muchas cosas más.

Y recién ese viernes 6 cerca del mediodía ingresaron a Huanuni -eludiendo la entrada principal de la av. 16 de Julio donde se encontraba la Ferecomin (Federación Regional de Cooperativas Mineras de Huanuni)- 500 policías; el paulatino retorno a la calma fue aún con tensión, ya que los cooperativistas reunificados hacían vigilia en sus galpones amenazando con reiniciar los enfrentamientos.

El resultado, más de una decena de muertos y muchos heridos, huérfanos, viudas, aún hoy recuerdo al hijo de la señora que desapareció por completo debido a una explosión en el mercado de Dolores de la cual solo encontraron sus trenzas mientras su hijo deambulaba sin consuelo buscando una explicación que nadie le daba.

Luego de la pausa, los cooperativistas amenazaban con reiniciar sus acciones temerarias con sendas reuniones en sus depósitos, incluso en las cercanías de Duncan y su posterior reagrupación en Cataricagua donde realizaban asambleas con asistencia masiva de dichos trabajadores del subsuelo.

A regañadientes, los cooperativistas accedieron a incorporarse a la nueva Empresa Minera Huanuni creada mediante el decreto 28901 haciendo un total de 5.000 trabajadores aproximadamente, pero un grupo de excooperativistas, que no entraron a dicha remozada empresa, quedaron desempleados; el Gobierno, en un afán puramente sensacionalista, les ofreció trabajo en Santa María, Mutún, quedando todo esto en palabras, y más muertos cuando se enfrentaron con los comunarios de Huaylluma, además de ser reprimidos cuando fueron a La Paz a reclamar por el cumplimiento de las promesas del Gobierno.