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A 68 años de la nacionalización de las minas

Ramiro Ramos Andrade 4/11/2020 05:00

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En tiempos de la colonia española, el territorio que posteriormente se volvió en nuestro país, era una región tan rica en minería, que el Cerro Rico de Potosí -la montaña más rica de plata del mundo- necesitaba una administración especial: la Real Audiencia de Charcas fue creada por Cédula de 18 de septiembre de 1559, dada en Valladolid, durante el reinado de Felipe II, para fomentar su extractivismo .

Fueron tres siglos de saqueo español a la plata del Sumaj Orko.

En el momento de su fundación, Bolivia era prácticamente un campamento minero, la plata y el estaño fueron quienes forjaron nuestra identidad, al punto que el mejor hospital de ese entonces estaba en Catavi.

El resto del país que no era región minera estaba abandonado, sin ferrocarriles ni caminos a Santa Cruz porque no había minas y todo estaba relacionado con su producción.

Surgen ‘los Barones de la Plata’ Narciso Campero, Gregorio Pacheco y Aniceto Arce. Huanchaca (ubicada en el centro minero de Pulacayo), en producción de plata, fue el segundo en importancia luego del Cerro Rico y nace el ferrocarril en el Gobierno de Arce.

Ya en la época de producción del estaño y su derivado el hierro, su alta demanda permitía envasar alimentos en latas para las tropas en tiempos de guerras en Europa, además para la fabricación de armas, es ahí donde surgen ‘los Barones del Estaño’ Simón Patiño, Hochschild y Aramayo.

Según el hijo del ‘Rey del Estaño’, Antenor, en 1968, la fortuna que Patiño llegó a acumular superó los 3.000 millones de dólares. Hechas las conversiones sobre la depreciación del dólar, aquel monto equivaldría hoy a algo más de 21 mil millones de dólares. Entre los 672 patrones de minas censados en 1950, tres acaparan el 78,6 % de la extracción de estaño durante el decenio 1940-1950: Patiño (46%), Hochschild (22,5 %) y Aramayo (6,9 %). Los dos primeros, de origen boliviano, acumulan su capital de la explotación misma (El embrollo boliviano, de Jean-Pierre Lavaud 1998 .editorial: ifea).

En el siglo XIX, la minería proporcionó a Bolivia una gran parte de sus ingresos fiscales, dentro del 50 al 88%, pero los impuestos pagados por los Barones del Estaño oscilan entre el 4 y el 5% de 1900 a 1920. Desde 1921 hasta 1940 Patiño obtiene ganancias que equivalen a cuatro veces su capital, pero sus impuestos aumentan solo un 17% debido al extractivismo salvaje por parte de los Barones.

El Gobierno de Víctor Paz Estenssoro (exabogado de Patiño Mines), luego de la revolución de abril de 1952, el 31 de octubre, firmó el decreto de nacionalización de las minas en el campo de María Barzola; se buscó la eliminación del llamado súper Estado minero, se empezó a mencionar el control obrero. La consecuencia fundamental de la nacionalización fue haber transformado el funcionamiento del país, al trasladarse el control de la economía de manos privadas al Estado (en 1952 las minas equivalían a más del 80% de los ingresos de la nación).

Todo esto no sin antes haber vivido míticas luchas del proletariado minero boliviano, las cuales derivaron en masacres: masacre de Uncía (defensa de mineros despedidos), el 4 de junio de 1923, donde murieron siete obreros y varios heridos, y circuló la versión de que muchos cuerpos desaparecieron en los candentes hornos de Catavi; masacre de Catavi, el 21 de diciembre de 1942 (aumento salarial), con 20 muertos y 40 heridos; masacre de Potosí, el 28 y 29 de enero de 1947 (dirigentes acusados de fascistas), donde supuestamente los muertos son 23, pero pasan de 300; y la masacre de Siglo XX, el 28, 29 y 30 de mayo de 1949 (aumento salarial y el cumplimiento de un laudo arbitral), donde el Gobierno reconoció que murieron 144 y fueron heridos 23, todo esto en épocas de lo Barones del Estaño.

Las minas expropiadas a estos potentados fueron Bolsa Negra, Kami, San José, Colquiri, Morococala, Huanuni, Alantata, Catavi, Antequera, Colquechaca, Colavi, Unificada del Cerro Rico de Potosí, Pulacayo, Matilde, Chorolque, Ánimas, Chocaya, Oploca, Venus, Pampa Grande y Viloco. Y fue creada la Comibol.

Pero el lado malo no faltó, entre ellos la baja productividad por hombre/hora, necesidades insatisfechas en la instalación de nuevas plantas y la renovación de equipos y materiales, recurrentes déficits de varias de estas empresas, en especial Huanuni, supernumerarios, enormes perdidas de Comibol, escasa generación de empleos indirectos entre otros.