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¿A cuál Evo Morales debe escuchar el país?

Editorial El Deber 28/10/2019 03:00

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Es difícil saber quién es el timonel del bar­co llamado Bolivia. 

El presidente que, escu­chando la voz de un grueso sector de la población, transforma su discurso y se abre a una segunda vuelta en caso de demostrarse que hubo fraude o el máximo dirigente de los cocaleros del trópico de Cochabamba, que se hace eco de las resoluciones sindicales de ese sector y dice que habrá cerco a las ciudades para impedir el ingreso de alimentos. 

Ayer por la mañana, el presi­dente usó su cuenta en Twitter y escribió: “Hemos escuchado las posiciones de las cancillerías de Colombia, Argentina, Brasil y EEUU.

Invito a estos y a otros paí­ses a participar de la auditoría que hemos propuesto. Que se revisen todas las actas. Si a la conclusión del proceso se comprueba el fraude, vamos a la segunda vuelta”.

 Pero, en la tarde transformó sus palabras, desapareció el tono conciliador. En un acto realizado en Cocha­bamba dijo: “A las ciudades, dejen de perjudicar con paros. Si quieren paro, no hay proble­ma, los vamos a acompañar con cerco a las ciudades, para hacer­nos respetar. 

A ver si aguantan”. El tono sereno del mandatario pa­rece haber cambiado durante el ampliado extraordinario de los co­caleros, celebrado en Chapare. 

La amenaza de cerco a las ciudades fue una de las conclusiones de esa reunión, que terminó con un salu­do de cumpleaños a Evo Morales. Después de esto, el presidente ya no habla de segunda vuelta, sus palabras no son de quien es ti­monel del barco llamado Bolivia, sino de quien está en confronta­ción con quienes piden respeto al voto y rechazan un posible fraude. 

El presidente tiene responsabili­dades constitucionales, pero so­bre todo morales. El artículo 172, inciso 2 de la Carta Magna, seña­la que una de sus atribuciones es mantener y preservar la unidad e todos los bolivianos. Y lo que se es­cucha de él es un discurso que confronta a las ciudades con el campo, que habla de racismo. 

No solo él. En las pantallas de Bolivia Tv y en las radios del Es­tado se hace “periodismo fun­cional” al interés electoral del presidente, no se informa so­bre Bolivia con todas sus voces, incluyendo las voces oposito­ras, las voces que cuestionan. 

El presidente advirtió con un cerco a las ciudades y hay fe­deraciones de campesinos que se están organizando pa­ra ese efecto. Obviamente, esa amenaza genera zozobra en la población.

 Ayer en Santa Cruz hubo una respuesta solidaria, permitiendo el ingreso de vehí­culos con alimentos para abas­tecer los mercados; no es bueno que se llame a la confrontación. 

Hay un paro nacional que pide respeto al voto y hay un pedido oficial de auditoría a las elec­ciones. Por su parte el Conade demanda que se anulen los comicios por la suma de de­nuncias de fraude que existen. Las denuncias de manipula­ción informática de las actas electorales, de muertos que votaron, de emigrantes que supuestamente sufragaron en Bolivia van en ascenso y no hay explicación. 

Debe haber una denuncia formal, tanto dentro como fuera del país, de manera que se sustente la imperativa ne­cesidad de respuesta a millo­nes de bolivianos que están en las calles defendiendo su verdadera voluntad en el voto. 

El presidente debería dejar de usar el atuendo de candidato y asumir el rol de presidente de los bolivianos, de todos los bolivianos. Su principal mi­sión es mantener la paz en el país y preservar la unidad.

La oposición debe contribuir a la búsqueda de una salida a este túnel oscuro. Varios expertos creen que la opción es política y pasa por un acuerdo. Hay que pensar en Bolivia primero.