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5 de octubre de 2023, 3:00 AM
5 de octubre de 2023, 3:00 AM

Edgar Cadima G. 


He leído con interés el artículo “La escuela como comunidad de aprendizaje” del Sr. Xavier Aragay (El Deber, 17-09-23) y coincido en los aspectos teóricos de esa propuesta. Es innegable la necesidad de generar comunidades de aprendizaje para que los estudiantes encuentren las mejores condiciones para construir sus conocimientos y su desarrollo personal. Ese debiera ser el eje de toda intervención educativa en la que los miembros de la comunidad intervienen “compartiendo ideas, estrategias y recursos” que permitan mejorar la enseñanza y el aprendizaje.

En términos teóricos la propuesta es interesante. El problema radica en su viabilidad práctica.

Toda propuesta teórica debe tener posibilidades concretas de operativización, de lo contrario se queda en una buena intención o en una elucubración. Y, como deduzco por la lectura del artículo, no se trata de especular ni de hacer un experimento puntual, sino de un proyecto de alcance nacional en tanto política pública, entonces la propuesta debe ser considerada con mayor detenimiento.

La realidad educativa boliviana es complicada y se encuentra marcada por un alto grado de mediocridad y autoengaño que se resume en que los profesores fingen enseñar, los estudiantes aparentan que aprenden (con chanchullos de por medio) y los padres de familia avalan todo ello en espera de la próxima fiesta de promoción. Salir de este paradigma equivocado de la educación boliviana requiere de procesos largos de reformas y ajustes parciales que puedan revalorizar la educación en los términos de una comunidad de aprendizaje.

No niego que existen excepciones de maestros y colegios conscientes de su responsabilidad educativa, brindando una buena educación, pero esa no es la generalidad. La realidad es que la educación boliviana es deficiente y los resultados de algunas evaluaciones nos muestran que, “en lectura el 74% de los estudiantes (bolivianos) de tercer grado de primaria se halla en los niveles de rendimiento más bajos y muy atrás del promedio latinoamericano” y que “entre los alumnos de sexto grado de primaria, cerca del 85% no entiende lo que lee y no tiene la capacidad de establecer relaciones ni de interpretar e inferir significados” o que “en matemáticas dos de cada tres estudiantes, de sexto grado, se ubican en los niveles de rendimiento más bajos, lo que significa que nuestros estudiantes carecen de las habilidades necesarias para resolver problemas matemáticos”. (Fund. Milenio. La situación social de Bolivia, 2023). Estos pocos datos muestran que existen prioridades que se deben atender ahora si queremos salvar a la generación actual de estudiantes de las graves consecuencias que, en su vida adulta, lamentarán por haber sufrido una educación mediocre como la actual.

Sin duda, construir comunidades de aprendizaje queda como referente de lo que se desearía alcanzar (como una visión educativa), pero ahora, lo fundamental es saber lo que se puede hacer para alcanzar esa visión; es decir, que hacemos aquí y ahora, con la realidad que tenemos. Sabemos que todo cambio educativo toma años y no podemos autoengañarnos pensando que podemos implementar esa visión, sin considerar los pasos intermedios que se deben dar a partir de un buen diagnóstico de la situación actual.

Un proceso de cambio educativo, desde la situación actual, debiera comprender tres componentes paralelos y simultáneos:

Un proceso de transición que rompa el tradicional maquillaje de fachada, para iniciar cambios educativos en democracia y con visión de futuro, donde un primer aspecto radica en tener claras las bases del sistema educativo a saber:

Objetivo: Estudiantes con capacidades y potencialidades desarrolladas mediante una educación equitativa y de calidad.

Fines: Formar ciudadanía democrática con sentido de comunidad y una vida digna a nivel personal y social.

Política: Una educación en función de los estudiantes, del avance de la ciencia, la tecnología, las nuevas corrientes de aprendizaje y la formación de ciudadanía democrática.

Un conjunto de medidas de emergencia educativa orientadas a:

Valorizar la importancia de los aprendizajes básicos, particularmente las habilidades y conocimientos en lenguaje, matemáticas, ciencias sociales y ciencias naturales, a fin de dotar a los estudiantes de herramientas sólidas para la continuidad de sus aprendizajes futuros.

Recuperar el sentido ético de la educación. Revalorizar los principios y valores que guían las relaciones interpersonales y la armonía en la sociedad. El respeto, la confianza, la dignidad, la puntualidad, solidaridad, la inclusión, el sentido de “bien común” debieran ser objeto de práctica cotidiana en la dinámica escolar y social.

Actualizar al cuerpo docente en la revalorización de la calidad educativa, los nuevos conocimiento y corrientes de enseñanza y aprendizaje (incluidas las virtuales) y la importancia de la construcción de comunidades de aprendizaje.

Diseñar una estrategia de aplicación inmediata de Modelos de Educación Innovadora, en capitales de departamentos y algunas ciudades intermedias, con base a experiencias que se vienen desarrollando ahora, en las que se puedan aplicar esta idea de comunidades de aprendizaje; con seguimiento y procesos de sistematización, a fin de recuperar las mismas y tener condiciones de generalización en el sistema educativo.

Indudablemente, concretar estas ideas que pueden permitir cambios en la educación boliviana, requiere de una condición básica que es el cambio de la política educativa actual y del régimen que la sustenta.

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