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A propósito del Día de la Familia

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Según la sociología, el término familia se refiere a la unidad social mínima constituida por el padre, la madre y los hijos. Según el Derecho, la familia es un grupo de personas relacionado por el grado de parentesco.

Se menciona desde siempre sobre la importancia que tiene la familia en nuestra sociedad, que es el pilar fundamental, que es la célula básica de la sociedad, que es la base de nuestra formación humanista, etc. En mi criterio, ese rol y cualidad se ha ido diluyendo y depreciando a través del tiempo en nuestra sociedad. La presión que nos somete la cotidianidad, este actual ambiente cada vez más hostil, materialista en extremo, donde la competencia brutal tiene como interés principal “el tener en lugar del ser”, que nos deshumaniza y nos convierte en seres mecánicos con muy pocos principios y sentimientos.

Los valores tradicionales, la moral y la ética cada vez ocupan un lugar de menor importancia en nuestra conducta individual y colectiva.

Vale la pena entonces reflexionar sobre la imperiosa necesidad de revisar este escenario tenebroso y revalorizar el papel fundamental de este núcleo central que ha sido siempre la familia. Sobre el papel de primera importancia que tienen los mayores, la comunidad adulta, los padres y abuelos, respecto a su responsabilidad primordial de hacer todos los esfuerzos e intentar reencauzar la dirección en esta caminata errática que nos está llevando al abismo.

Considerando que la familia es el grupo fundamental para el crecimiento y realización integral de las personas y sus comunidades, no hace falta ser muy inteligente para darnos cuenta de que el problema de nuestra deteriorada sociedad tiene origen en la concepción que tenemos precisamente de ese núcleo central que constituye la familia. Los males que nos aquejan, cada vez más graves y ampliamente conocidos: la corrupción generalizada, la inversión de los valores esenciales, la falta de empatía con el prójimo, el trato irrespetuoso con el medioambiente y la inconducta funcional, quiérase o no tienen como origen principal en la formación que como seres humanos recibimos en nuestro núcleo familiar.

No cabe duda de que es necesario un profundo análisis y reflexión sobre nuestro papel individual y colectivo en esta problemática central. Considero que es responsabilidad de todos en el ambiente familiar promover la educación y el buen comportamiento ante el medio social y en este caso realizar los mayores esfuerzos para provocar el cambio necesario que nos brinde la esperanza de un mejor porvenir para nuestra presente y futura generación, a partir naturalmente de lo que podamos dar y recibir en nuestro núcleo familiar.



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