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OPINIÓN

¿A quién creen que engañan?

Carlos Federico Valverde B 13/10/2019 03:00

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“Desde el momento en que participan en las elecciones, reconocen que soy candidato”, dice Evo Morales, sin ponerse colorado el presidente al referir que los opositores avalan su candidatura para justificar su ilegal postulación avalada desde el campo de la legalidad por el Tribunal Constitucional, en noviembre del 2017, y refrendada por el Tribunal Electoral con la realización de las elecciones “Primarias”, donde el candidato único del MAS (o sea, él mismo) no logró ni siquiera el 50 % de los votos propios. Al final, lo ayudaron con un aumento de entre el 7% y el 9%, para que al menos supere el 40%).

Píndaro, un poeta lírico griego, decía que los “sofistas” eran unos “charlatanes”, que usaban su conocimiento para manipular a las personas. Evidentemente, Morales está lejos de ser un sofista que usa el conocimiento, pero, está muy cerca del charlatán que cree que a partir de lo que él diga se puede generar una verdad, tal como es el caso presente.

Que Morales atribuya a “los opositores” la virtud de legalizarlo, a partir de sus participaciones electorales es, plantear un debate insulso porque si no participaban dejaban el campo libre y podía suceder lo que sucedió en Venezuela, por ejemplo, en cuya elección no participó la oposición y el Tribunal Electoral avaló su legalidad (no olvidemos que el Tribunal le da gusto al presidente en aquello que se le ocurra).

Ese asunto de discutir si el huevo o la gallina fueron el primero de su especie es una estupidez política, porque es un hecho de que el poder coercitivo y legal del Estado se ejerció para dar vía libre a la participación de Morales en la elección de la semana que viene y que nada hubiera impedido que él imponga su participación. Lo demás son estupideces.

Por eso pregunto: ¿a quién creen que engañan? La gente sabe de lo que se trata esto; la gente sabe que Morales y sus seguidores no tienen lógica democrática para hacer política desde que están en el poder; antes de su revocatorio usaron la fuerza del cerco para aprobar leyes que los favorezcan y cuando pudieron, usaron los mecanismos legales del Estado para buscar la reproducción del poder.

Ahora que entienden que la elección no les da para reproducir el poder como antes, ejercen la violencia simbólica de todos los días, amenazando con volver a los cercos armados (turbas y/o armas) advirtiendo con no dejar gobernar a nadie. Las amenazas van desde el movimiento social al campo militar, con FFAA militantes (Kaliman a la cabeza), mientras cierran los cercos legales en los Tribunales Constitucionales, de Justicia, Fiscalía y Electoral.

Esos son los asuntos que hay que entender, de manera que aquello de que “los opositores los validaron”, es otra desesperada idea de justificar su presencia en un espacio que les es adverso. Por eso, Morales no va a los canales o medios de comunicación donde siente que puede ser cuestionado y se inventa eso de “entrevistas y periodismo de altura”, mientras que, tras de él corren directores de medios y periodistas que son mandados por los dueños a decirle (lo que quiere escuchar) y preguntarle (lo que él quiere decir). Y así todo queda bien. De paso, se muestra “abierto a los medios”, o sea, “plural”.

¡Qué paradoja! En un avión Morales le dijo al periodista español Jordi Évole que lo mismo eran las canchas que los hospitales. Claro, el periodista español al menos se atrevió a preguntar sobre ello, después de ver a unos niños tomando agua no potable. Hay diferencias grandes, pese a que el escenario es el mismo. Pero ese no es el tema, sino la decisión del presidente Morales de generar su propio escenario preelectoral para estar seguro de moverse solo ahí donde pueda dominar su espacio.

¿A quién cree que engaña Morales? Al parecer a ya no mucha gente. Tres de cada 10 le creen, aunque, claro, esos siete de diferencia no tienen de su lado al TSE, que puede ser capaz de generar “el plus” que le puede faltar al jefazo. Al final de cuentas, Morales debe pensar que no llegó hasta aquí, violentándolo todo, para irse a su casa por una simple elección. Esa no parece ser una opción para él.