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Si nos remontamos al origen de la palabra empresa, confirmaremos que el horizonte establecido a partir del 2021 evoca más que nunca su origen, el cual deriva del latín “prehendere”, que significa tomar o alcanzar algo. Empero, la evocación del origen -y la ratificación del mismo- sugiere también la existencia de una reorientación de un término que puede ser relacionado con los objetivos para las empresas, donde presumiblemente se puede emplear la etimología de “per aspera ad astra”, que en latín significa: a través del esfuerzo, el triunfo. Esta fase ya no aplicaría de forma tácita, menos de manera endógena; lo cual implicaría otra serie de medidas también exógenas para el universo empresarial (y no para un triunfo, si no para una supervivencia de las mismas). Dentro de estos factores exógenos de incentivo y apoyo, las políticas para coadyuvar a una recuperación empresarial son vitales; muchas de ellas ya han sido analizadas y planteadas.

Por un lado, la categorización en seis divisiones -de aproximadamente 351 acciones en función a objetivos tales como: liquidez, crédito, protección del empleo, apoyo a la producción, exportaciones y ayuda directa realizada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe brinda una óptica base para sus países miembros, ésta fue establecida considerando también la mayor tendencia existente para privilegiar proveedores cercanos (nearshoring), y la relocalización de procesos productivos y tecnológicos estratégicos (reshoring).

Consecuentemente, el Banco Mundial, relaciona las características inherentes a la economía de cada país en función al grado de informalidad, al espacio fiscal, a la tipificación en mercados laborales, a los sistemas tributarios y de protección social; así también, hace alusión a la heterogeneidad presente en los sectores y la urgencia a ser identificada en el contexto de cada país. No obstante, si bien ensalza la relevancia de las políticas, destaca también que deben ser transparentes y por un tiempo limitado, para así evitar cualquier distorsión de mercado a largo plazo. Y justamente, con esta última recomendación es que planteo: ¿cuál es la factibilidad de aplicar íntegramente las políticas sujetas a este tipo de principios dentro de la realidad boliviana? Ineludiblemente, este apoyo empresarial deberá contar con un marco de aplicación y monitoreo concreto, consensuado y sobre todo planificado.

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