3 de junio de 2022, 4:00 AM
3 de junio de 2022, 4:00 AM


Vivimos asustados, amenazados y muertos de miedo. Nos paraliza y nos asedia un mundo violento, agresivo, enfrentado y confrontado. Parece que solo existen delitos: Asaltos, feminicidios, brutales todos los días, bloqueos, corrupción, narcotráfico, injusticias y desigualdades…

Así lo reflejan los medios de comunicación: En Bolivia existen más de 700.000 niños, niñas adolescentes, entre 5 y 17 años, trabajadores. En el mundo, aunque ha descendido el trabajo infantil, un 38%, todavía hay 152 millones de niños trabajadores (Unicef), OIT. En Bolivia, 4 de cada 10 hogares reducen gastos en alimentación. Y la mitad está endeudado. El 80% no pueden llegar al final del mes (Cedla).

Los pedagogos tenemos una certeza, que los males de esta sociedad quebrada encuentran solución en la familia, en la escuela y en el Estado. Está verificado, a una educación pésima, corresponde una sociedad quebrada. La Ley Educativa 070 afirma: “El sistema educativo desarrolla sus procesos sobre la base de criterios de armonía y de coordinación”.

Puro formulismo, pura teoría en papel mojado, lamentablemente existe hoy en Bolivia todo, menos armonía y coordinación, dialogo institucional, cohesión social… distamos mucho de la cultura del encuentro.

Y todo eso tiene su origen en la ínfima educación que se imparte en nuestras unidades educativas y en la universidad. Parece que lo único que se pretende, es que los alumnos pasen de curso, sepan o no, se eduquen en valores o no. De hecho, nuestros alumnos son acríticos con la realidad sangrante que se vive en el país.

No se ha superado una educación repetitiva, memorística, tediosa, decimonónica, más bien expresión de criterios ideológicos. A esto se añade un profesorado, en general, poco vocacionado, capacitado, competente, que se empeña en una educación integral, transformadora, que forme al ser humano, es decir, dar a la persona los valores de la especie, antes que los valores de la cultura, de la sociedad, de la técnica, porque antes que ingeniero, médico o sacerdote, es persona humana.

Entonces la educación tiene que darle a cada alumno “la forma”, que le haga persona libre, responsable y solidaria. Y precisamente lo específicamente humano es la libertad; de ahí que definamos la educación como la capacidad de obrar rectamente con libertad y responsabilidad.

Por eso, no dudamos en afirmar que una educación óptima de calidad educativa en valores le corresponde una Bolivia moderna, progresista, democrática, justa y habitable para todas las bolivianas y bolivianos.

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