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Como mencionamos en una anterior entrega, el censo de personas en situación de calle si bien revela que 1.043 personas han hecho de los espacios públicos su hábitat habitual, al haber roto parcial o totalmente sus vínculos familiares, cabe destacar que por cada persona en situación de calle se estima que hay entre ocho a diez en riesgo de terminar viviendo en esta situación, puesto que alrededor de diez mil personas están realizando diversas actividades de sobrevivencia en los espacios públicos de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, familiarizando con la vida de calle y los riesgos que ello contrae.

¿Cómo construir una ciudad digna, libre de mendicidad y de personas en situación de calle? Este es el reto del conjunto de la institucionalidad pública y privada de Santa Cruz luego de haber desentrañado la magnitud y características de esta problemática.

En este contexto cabe remarcar la complejidad de la temática verificada por el reciente estudio que revela su naturaleza multifacética y multicausal, que abarcan desde factores de pobreza e indigencia, pasando por elementos socioculturales, problemas de violencia y desestructuración familiar, adicción al alcohol y otras drogas, falta de acceso a servicios, insuficientes políticas públicas, violencia sexual comercial hasta redes de tratantes y de micro tráfico de drogas.

Lo central es tener claro que el desafío no es otro que la prevención de las causas que originan la presencia de personas en situación de calle, junto a la recuperación progresiva no solo de los que han hecho de la calle su hábitat habitual, sino de aquellos que desarrollan diversas estrategias de sobrevivencia, reinsertándolos a la familia, la escuela y la comunidad en un plazo perentorio.

Es previsible que este reto requiera un abanico de estrategias creativas de abordaje por el perfil diverso de la población en situación de calle que abarca desde las potosinas o ayoreas que con sus hijos pequeños estiran la mano en nuestras ciudades; niños y adolescentes que han roto sus vínculos familiares o están en riesgo de perderlo; adultos mayores carentes de apoyo familiar; personas con discapacidad; enfermos mentales; adictos al alcohol y otras drogas, hasta víctimas de violencia sexual comercial y de otras formas de trata y tráfico humano, que los lleva a extender la mano o afectar derechos de terceros para subsistir en medio de la adversidad.

Pero además este perfil diverso implica a su vez diversidad de demandas, aspiraciones y aptitudes de las personas en situación de calle, lo cual obliga a pensar en alternativas de superación de adicciones, en oferta de oportunidades laborales de empleo digno e inversiones en los lugares de origen como el de las madres potosinas, así como de educación y capacitación, junto a estrategias centradas en la recuperación de vínculos familiares en sus diversas modalidades, la prevención del abandono y superación de la violencia intrafamiliar, lo cual pasa por la revisión de la normativa referida al tema que permita la institucionalización de una política pública permanente expresada en una ley nacional de erradicación de la mendicidad y de personas en situación de calle y de prohibición de la misma a partir de la puesta en marcha del plan participativo e integral.

En suma se trata de pasar del diagnóstico a la acción formulando un plan con una matriz de objetivos y resultados, identificando proyectos específicos por edades, sexo y según las diversas problemáticas identificadas e incorporando indicadores de proceso y de impacto, que permitan formular un sistema de seguimiento y evaluación, además de un presupuesto comprometido para el logro de las metas específicas.

Ello implica comprometerse en un verdadero pacto por la recuperación de las personas en situación de calle, sin exclusión, con igualdad de oportunidades para todas las ciudadanas y ciudadanos, que comprometa la inversión de los tres niveles de gobierno y el concurso de las organizaciones de la sociedad civil que aportando con su conocimiento, experiencia y vocación de servicios nos dignifica a todos.

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