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Acciones de fondo contra el cáncer

Editorial El Deber 4/3/2020 03:00

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En pleno siglo XXI, el cáncer sigue siendo una de las principales causas de morbilidad y mortalidad en el mundo donde se diagnosticarán casi 22 millones de casos en 2030, frente a los 14 millones registrados en 2012 debido a un fuerte incremento de la enfermedad en los países en desarrollo, según lo advierte un estudio de la Agencia Internacional del Cáncer que divulgó la Organización Mundial de la Salud. 

En Bolivia, de acuerdo con el Ministerio de Salud, cada año aparecen 11.000 nuevos casos del mal, de los cuales 7.500 afectan a mujeres. El alto costo de los tratamientos, la falta de centros oncológicos y de especialistas acrecienta el drama; la mayoría de los hospitales públicos no tiene infraestructura necesaria ni personal suficiente para la atención de los pacientes, tampoco equipos para diagnosticar la dolencia. Por si fuera poco, los medicamentos, que son de elevado costo, escasean.

Una Ley del Cáncer fue aprobada por el Senado y aguarda la promulgación por el Ejecutivo para garantizar una atención digna, medicamentos a bajo costo y albergues donde puedan descansar los afectados por la enfermedad después de recibir su tratamiento. Esa norma obligará al Estado, como ocurre en otros países, a hacerse responsable de un problema de salud que cada día afecta a más personas. La incidencia del cáncer en Bolivia demanda acciones urgentes porque el problema tiene efectos devastadores para la familia del paciente.

Uno de los candidatos en liza para las elecciones generales del 3 de mayo próximo propuso la venta del lujoso avión presidencial adquirido por el régimen masista y que le costó a un país pobre de solemnidad como es el nuestro la friolera suma de 38 millones de dólares. Pide invertirlos en la desigual lucha que se libra en nuestro medio contra el cáncer. Hace poco, se extinguió la joven vida de Jennifer Guadalupe Vargas, conocida ampliamente a través de las redes sociales como una ‘cambita en apuros’. 

Durante dos años, ella libró una extremadamente dura pelea contra el mal que la aquejaba. Buscó cura en otro país para su cáncer de huesos y entonces su familia vio comprometido su patrimonio. Su madre procuró empleo en España, lo consiguió para trabajar de sol a sol, pero su exigua ganancia apenas cubría los costos del tratamiento de su hija. 

Una campaña solidaria permitió recaudar algunos recursos para paliar el elevado endeudamiento. Todo fue en vano. Lupita tenía 24 años y hoy se la recuerda como una mujer luchadora y valiente. Con mejores condiciones para su tratamiento local, sin necesidad de trasladarse al exterior, cuando menos habría aliviado el drama que le tocó vivir a ella y a los suyos.

El pasado fin de semana, el secretario municipal de Salud, Raúl Hevia, hizo una sorpresiva y dramática revelación durante el programa ¡Qué Semana! de EL DEBER Radio, al que había asistido para hablar sobre la epidemia de dengue. “Tengo una enfermedad terminal que se llama cáncer… ahora que estoy del lado del paciente me doy cuenta que en Santa Cruz tratamos mal al enfermo y no hacemos nada”, dijo Hevia antes de quedar en silencio y a punto de quebrarse emocionalmente. 

El funcionario criticó luego la falta de acciones concretas de las autoridades en los tres niveles de gobierno en el país y, por considerarla prioritaria, demandó una inversión de $us 10 millones para la construcción de un hospital suficientemente equipado para encarar con mejores perspectivas la lucha contra el cáncer y aliviar a los afectados.

El viacrucis que soportan los pacientes con cáncer representa el dolor tras el dolor. En el país, donde no pueden recibir una atención digna, la insensibilidad parece ensañarse contra ellos porque las carencias existentes en todo sentido afectan el tratamiento de su enfermedad y acrecientan su sufrimiento. 

Hace falta una política de fondo que debe implementar el Estado sin más pérdida de tiempo.



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