Opinión

Acerca de epidemias y males sociales

15 de abril de 2020, 3:00 AM
15 de abril de 2020, 3:00 AM


La catastrófica aparición o manipulación laboratorial, como dicen, del Covid-19 importado a Bolivia desde el 12 de marzo pasado, ha puesto en evidencia la crítica situación de nuestro sistema de salud y las debilidades humanas de la población, en su comportamiento poco o nada solidario, a consecuencia del pánico generado durante esta pandemia declarada por la OMS.

Sin embargo, Bolivia ya viene soportando varias epidemias en el curso de este siglo y la peor de todas la hemos sufrido en los últimos 14 años de nuestra historia.

La Epidemiología nos enseña que, para tomar decisiones oportunas, que reduzcan en lo posible las graves consecuencias de una epidemia, hay que identificar la llamada triada epidemiológica: agente, huésped y medio ambiente.

El agente es el factor causal que puede ser un virus, una bacteria o un fenómeno social o político que inicia la enfermedad. Esta, por definición se puede aplicar tanto a la salud como a la política. El huésped es el ser humano en su dimensión individual o colectiva, es decir, somos todos los habitantes del país. El medio ambiente, en nuestro caso Bolivia, representa una variedad de condiciones que son determinantes, por sus connotaciones socioeconómicas, políticas, culturales y demográficas propias de un país en vías de desarrollo. Este contexto incluye, por supuesto, al sistema de salud y al sistema político.

Cuando una epidemia se vuelve recurrente en el tiempo, porque el agente está presente de manera constante, como sucede con el dengue, la chikungunya, el zika, la influenza, o la corrupción política, se llama endemia y sus consecuencias serán endémicas o permanentes. Es decir, no desaparece hasta que se elimina o erradica, como sucedió con la viruela, la poliomielitis o las dictaduras militares.

Con estas básicas consideraciones, creo que Bolivia debe luchar siempre contra los flagelos endémicos mencionados y especialmente contra el masismo, la epidemia más peligrosa, cuyos dañinos efectos son la causa principal de nuestra actual crisis de salud y puede volverse una endemia política, si no tomamos rápidas medidas de contención de este mal.

El agente causal de esta enfermedad tiene características bien definidas que debemos combatir: el falso indigenismo hegemónico quechua-aimara, la corrupción pública, el contubernio con el narcotráfico y el totalitarismo parlamentario basado en el fraude electoral. Para evitar su retorno al poder, debemos insistir en medidas higiénicas como buscar la unidad de todos los bolivianos, recuperar la independencia de poderes, la imparcialidad de la justicia y fortalecer el estado de derecho con reglas electorales idóneas.

En cuanto al Huésped: nuestro sufrido pueblo, debemos trabajar para mejorar su estado general y sus hábitos de vida mediante un plan de gobierno que priorice la educación, la salud y el empleo, que corte de raíz la corrupción y profundice las autonomías con la distribución equitativa de los recursos del Estado a las regiones.

Resumiendo, si algo hemos aprendido en el control de las epidemias sanitarias que se presentan cada año, es que solo con la participación responsable y activa de la población, como en el paro de las “pititas”, las acciones gubernamentales por duras que sean, tendrán el éxito esperado para vencer esta vez al coronavirus y también al masismo, los peores enemigos de la salud y la vida en democracia del pueblo boliviano.

Tags