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Acerca del diferimiento de créditos

Agustín Saavedra Weise 17/5/2020 03:00

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Agustín Saavedra Weise - Economista y politólogo

La Ley 1294 estableció el diferimiento de pago de capital e intereses a las entidades financieras -por operaciones de crédito- durante el tiempo que dure la declaratoria de emergencia sanitaria y otorgó a ese propósito un plazo máximo de seis meses posteriores al levantamiento de dicha emergencia. A su vez, el D.S. 4206 reglamentó el diferimiento de esas cuotas, autorizando que se difieran automáticamente marzo, abril y mayo, sin ningún incremento del interés pactado ni mayores costos, sanciones o penalizaciones, estableciendo que dentro de los 6 meses posteriores al último diferimiento, las entidades de intermediación financiera deberán convenir con sus prestatarios los términos para el pago de las cuotas diferidas. Asimismo, expresa que la autoridad de supervisión del sistema financiero (ASFI) emitirá las disposiciones pertinentes. En función de esto último surge la Carta Circular ASFI 2785/2020, que tan solo recuerda lo expresado en el D.S. 4206. 

Hasta aquí está claro, pero se han producido confusiones y distorsiones que crearon un ambiente de zozobra; ahora se expresa que no son tres meses sino seis meses los de diferimiento, pero la interpretación exacta expresa que los seis meses son el plazo para terminar de convenir los términos de pago de las tres cuotas diferidas. Nada más, nada menos.

La cultura de pago es importante y debe ser mantenida por ser un pilar básico de la economía. Recuérdese que las entidades financieras manejan el dinero del pueblo que les confió sus ahorros. Esos ahorros se transforman en inversión mediante la cadena crediticia y son fondos que deben ser reintegrados a sus propietarios ante simple demanda. Es por eso que bancos y otras entidades financieras cumplen un rol vital al ser intermediarios canalizadores del ahorro y de la inversión, siempre en el marco de una cultura de pago y de un manejo prudente del dinero del público. 

En la actualidad y como consecuencia de la pandemia, ha surgido una crisis económica mundial que está generando en todo el orbe desempleo e incertidumbre respecto al futuro inmediato. Bolivia no escapa a ese crítico contexto internacional; también será perjudicada en su crecimiento. Mayor razón para proceder con prudencia y claridad. La base de la economía es el ahorro y con él viene la inversión. Esta es una ecuación básica en la que siempre debemos tomar en cuenta ambas partes, porque si una de ellas se ve afectada, se producirá un grave desequilibrio. Es por eso que alterar la cadena de pagos por lapsos prolongados puede hacer colapsar al sistema financiero, perjudicando su reconocida solvencia, su solidez y su rol como sustento de la estabilidad macroeconómica. 

Todos comprendemos la actual situación; todos los sectores enfrentamos problemas, pero no se puede politizar un asunto tan delicado como el que atañe al sistema financiero. Hay un diferimiento establecido, existe la mejor buena voluntad para reprogramar créditos si así fuere necesario y las tres cuotas diferidas se pueden pagar al final de la obligación o licuarse proporcionalmente en las futuras cuotas. Hay muchas combinaciones en la relación de cada entidad con cada cliente para lograr entendimientos constructivos. No debe confundirse más el tema. La economía del país está en juego. Urge que las autoridades pertinentes aclaren con prístina transparencia los alcances de la ley de diferimiento y de su reglamentación, para así evitar especulaciones acerca de un tema que de ninguna manera tiene que ser politizado ni llegar a mayores.
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