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17 de septiembre de 2017, 4:00 AM
17 de septiembre de 2017, 4:00 AM

El caso de Achacachi es golpismo municipal. Si permitimos eso vendrán más renuncias”. Ese fue el bautizo del exministro de Gobierno, Alfredo Rada, a la movilización del municipio de Achacachi. Además, ese proyecto golpista local intentaría afectar al poder nacional. ¡Golpismo municipal!

Sus argumentos principales fueron la decisión del Gobierno de evitar la renuncia de una autoridad designada de forma constitucional, el supuesto respeto del Gobierno a las leyes, el reconocimiento a la base que aún apoya al alcalde Édgar Ramos, el rechazo a las acciones de unos encapuchados, la condena a la intromisión del dirigente indígena Felipe Quispe y la defensa de un Gobierno nacional electo por el voto popular.

Según el exministro Alfredo Rada, los movilizados en las carreteras, en vez de bloquear,  deberían insistir en el referéndum revocatorio para canalizar el pedido de renuncia del alcalde debido a serias acusaciones de obras inexistentes y sobreprecios de algunas otras. Rada eludió la respuesta sobre una posible renuncia personal del alcalde Ramos para permitir al Concejo Municipal designar otra autoridad transitoria mientras se investigan las denuncias. 

Según Rada, el alcalde no debe renunciar. Apoyado en ese respaldo público, Édgar Ramos, de forma inmediata, exclamó: “Jamás de los jamases yo voy a renunciar como alcalde”. Hace días, el diputado del MAS David Ramos expresó el respaldo del MAS y del Gobierno al alcalde de Achacachi mientras Gustavo Torrico (asambleísta departamental por el oficialismo en La Paz) exigía pruebas de la corrupción.

El presidente, ministros, parlamentarios, voceros políticos y líderes sociales, en una sinfonía de voces y consignas, destacaron que el Gobierno no era parte del conflicto, que era respetuoso de las leyes y debía velar por el cumplimiento de la Constitución Política del Estado. Esa fiebre legalista y constitucionalista no logró persuadir a la opinión pública. Algunos dirigentes de los pueblos indígenas del Tipnis, los cocaleros de Yungas y los educadores de La Paz expresaron su simpatía y apoyo por la coordinación antigubernamental.

El Gobierno, de forma ágil y teatral, lanzó la teoría de los dos Achacachi: uno, opositor, con base en los vecinos del pueblo y el otro, oficialista, reconocido por el Gobierno, asentados en las comunidades circunvecinas del pueblo. El vicepresidente, exultante, proclamó la lucha de dos clases sociales, los vecinos achacacheños y los comunarios. 

Además, destacó la importancia de los sectores sociales que aún apoyaban al alcalde Ramos. Añadió la denuncia de algunos movilizados radicales, encapuchados, con intenciones de dinamitar la planta lechera. Sin prueba mostrada de forma pública, lanzó la denuncia de un pago de Bs 10.000 a los bloqueadores de caminos.  

Era visible el nerviosismo gubernamental  por la supuesta intromisión de Felipe Quispe. Ceder un milímetro era, según el Gobierno, otorgar puntos a favor de Quispe. Ahí se fortaleció la línea dura de la dilación, de la postergación de soluciones, del cansancio provocado a quienes hacían vigilia en las carreteras. La vendetta de Evo Morales contra Felipe Quispe concentró las energías de ambos bandos.

Finalmente, acusaron a los rebeldes de ‘politizar’ la movilización como si, al parecer, solo el Gobierno podía ‘hacer’ política. El MAS, con un criterio anacrónico y conservador, sobrevaloró la importancia del origen democrático, minimizó el desempeño gubernamental y, mucho más, la finalidad de su desempeño. 
El ‘golpismo municipal’ –teoría frívola- es una argucia para proteger alcaldes oficialistas corruptos. 

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