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Dos casos de acoso sexual groseros contra mujeres dejan mal parados en estos días a dos hombres con nombres y apellidos conocidos en la ciudad, y quizá también a la sociedad cruceña misma que, por unos pocos como ellos ve afectada la imagen de una comunidad que en su generalidad sustenta grandes valores humanos que van desde la solidaridad hasta el trabajo, por citar dos virtudes importantes de esta tierra.

Uno de ellos se conoció por una denuncia formal que hizo una mujer víctima, que trabaja como auxiliar en la Gobernación de Santa Cruz, contra el director de Recursos Humanos, que fue destituido de su cargo tras hacerse público el caso.

El citado funcionario obligaba a sus subalternos a despedirse personalmente de él al finalizar cada jornada laboral, incluso si estuviese en una reunión, y si hacía falta debían esperar dos o tres horas, porque si no lo hacían recibirían llamadas de atención o serían despedidos.

Más tarde, la funcionaria denunciante fue trasladada de escritorio para cumplir funciones de secretaria del director de RRHH, sin importar que él ya tenía a otra persona con el ítem de secretaria. Entonces la llamaba a su oficina, cerraba la puerta y cuando ella preguntaba qué necesitaba, el hombre le respondía “A usted la necesito”. A veces le instruía “Páseme eso” y cuando ella le mostraba algún objeto del escritorio para comprobar si se refería a eso, el hombre le respondía “No, esta”, tocándose las partes íntimas.

En una ocasión reciente, el director, que había tenido una pequeña cirugía en el pie, le pidió a la funcionaria que le ayude a desabrocharse el cinturón, bajarle el cierre de sus pantalones y que lo acompañe al baño para orinar.

Después de presentada la denuncia en su contra por los delitos de explotación laboral y acoso sexual, el funcionario fue destituido. Permaneció algo más de cuatro meses en ese cargo de la Gobernación.

También en estos días se conoció otra denuncia por acoso sexual y extorsión contra un empresario cruceño, formalizada por una presentadora de televisión, después de descubrir mensajes con proposiciones sexuales y amenazas que el hombre le escribía desde el 22 de abril. Ella descubrió los mensajes el 9 de septiembre porque al no ser contacto suyo en redes sociales, los mensajes se redireccionaban a una bandeja relativamente escondida, como ocurre en el mundo de las redes sociales.

El acoso sexual es pariente cercano del feminicidio, delito que también azota con demasiada frecuencia a nuestra sociedad y resulta inconcebible que personas de edad avanzada, que pertenecen a familias conocidas en la ciudad se den a la tarea de acosar a mujeres, enlodando sus propios apellidos.

Acosadores que tienen esposa, hijos, incluso nietos y que abusan de su condición de poder, circunstancial como un cargo público o riqueza económica, son personas sin principios ni valores que ponen en ridículo sus nombres y avergüenzan a sus familias en una era en que nada se puede esconder por mucho tiempo, donde las redes sociales lo difunden todo sin filtros; un tiempo en que las mujeres pierden el miedo y denuncian; un tiempo, finalmente, en que se esperaría que las sociedades crezcan hacia una convivencia más respetuosa, que deje en el pasado prácticas aberrantes que hoy el mundo entero condena.



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