Opinión

Actuar frente a la violencia en el hogar

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11 de septiembre de 2017, 7:09 AM
11 de septiembre de 2017, 7:09 AM

La violencia en el hogar es tan frecuente en Bolivia que, a veces, parece no sorprender a la sociedad. Solo las denuncias en la Fuerza Especial de Lucha contra la Violencia (Felcv) superan las 18.500 durante el primer semestre del año en Santa Cruz de la Sierra y suman a diario. Hace una semana amanecimos con dos hechos estremecedores, el de un niño de seis años que fue salvajemente golpeado por su padrastro y el de una mujer que fue arrastrada por su pareja, que quería arrebatarle a su hijo de las manos. El dato numérico puede ser conservador, porque hay muchos otros casos que se mantienen detrás de las paredes del hogar debido al temor que causa el agresor en la familia.

La violencia es sicológica, física o ambas. Comienza con bromas que humillan, sigue con insultos, después golpes y puede acabar con muerte. Se produce en el hogar, donde no solo están el agresor y la víctima, sino también los hijos, que se convierten en seres vulnerables y, lo peor, que pueden terminar repitiendo la conducta del poderoso que somete al débil.

En algunos casos, la violencia familiar se da porque el agresor se siente poseedor del derecho a someter a los otros en el afán de reproducir su poder y, lamentablemente, esta situación es reforzada por instituciones y personas que no son necesariamente miembros de esa familia. Cuántas veces se ha sabido de mujeres que son doblemente agredidas cuando van a sentar la denuncia ante las autoridades, no fueron pocos los que respondieron: “Por algo ha sido el golpe”, como si el maltrato fuera un método válido de relacionamiento.

En Bolivia hay una ley que pretende acabar con la violencia hacia la mujer, describe todas las formas de maltrato, establece la necesidad de que las víctimas puedan ser protegidas de sus agresores en albergues y una serie de medidas más. Lo cierto es que en los gobiernos subnacionales poco se ha hecho para implementarla en su totalidad. 

Cuando se piensa en qué hacer frente a este problema, la respuesta tiene que ver con la educación, de manera que los niños y jóvenes no repitan el patrón de la violencia. Por un lado, que sepan que no es ni con golpes ni con imposiciones que se construye un hogar, y por otro, para que las potenciales víctimas sepan que nadie tiene derecho a maltratarlas por ningún motivo. Es un tema pendiente en la misión de construir una mejor ciudadanía para todos. La decisión está en las instituciones, sus presupuestos y sus objetivos para con sus mandantes. 

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