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31 de agosto de 2018, 4:00 AM
31 de agosto de 2018, 4:00 AM

Era adolescente en aquel primer viaje familiar a la ciudad de las abuelas. Algún primo invitó a disfrutar la Laguna Los Batos, casi en las afueras, a la cual se podía llegar caminando desde el casco histórico. Aún tengo la sensación del goce por el sol, el agua y la atención a los chiquilines. Se quedó grabada esa imagen del resplandor.

Durante casi medio siglo retorné al lugar y fui testigo de sus diferentes transformaciones. Compartí con los compañeros del colegio en memorable recorrido de bachilleres que optaron por conocer Bolivia. En los 80 con el esposo, muchas veces con mis hijos y decenas de ocasiones por motivos de trabajo.

La poza se convirtió en una hermosa piscina, pulcra y llena de sombrillas y perezosas; el quincho fue un comedor y más tarde un restaurante con aire acondicionado, cada vez más amplio. El desayuno sencillo es ahora un sofisticado bufé para competir con muestras internacionales, con la ventaja de los alimentos frescos. La gastronomía es uno de los objetivos centrales de la administración para contentar al cliente.

Hace años que atienden los mismos amables y eficientes mozos y mozas que entre miles de turistas logran reconocer los gustos de cada uno. Me siento mimada cuando me ayudan con mis zumos preferidos y mis mates nocturnos. Siempre la sonrisa.

El Hotel Cortez ubicado a pocos metros del Cristo Redentor es una de las empresas representativas de la época de oro del desarrollo cruceño. Un migrante colla, Martín Cortez, se atrevió a la primera inversión en un lugar aún apartado, con las 12 primeras habitaciones. Apoyado por la esposa y la familia avanzó rápidamente con otras ofertas.

Se nota el deseo de ser los mejores aplicando la metodología alemana de la Formación Dual y por ello cada empleado está entrenado para atender al huésped desde que llega a pie o en vehículo. Una limonada, un cafecito camba, son el primer saludo antes de las formalidades en el mostrador. Ahora hay nuevas habitaciones, muy modernas, aunque me quedo con el antiguo pabellón, la sala dedicada a don Martín y el centro ejecutivo. Por lo que se nota, los herederos -10 hijos- están siempre preocupados por cumplir su acreditación.

Hay varios salones para realizar talleres alquilados por ONG, empresas privadas, el Estado con el suficiente soporte técnico y logístico.

Actualmente abren nuevos hoteles cruceños, varios de cadenas internacionales, con más inversión y lujos. El gran reto no está en esas competencias o en el Airbnb, sino en los recursos humanos. La comunidad de viajeros constantes, por turismo o por trabajo, demanda cada vez más un sistema personalizado en los alojamientos.

La cadena IBIS es un ejemplo; o la propuesta del gobierno mexicano para que las empresas hoteleras compitan con Europa, Asia y Estados Unidos, más que con grandes edificios, con naturaleza y con el personal latino, que se da tiempo de conversar, de reír.

Sin embargo, preocupa que estas empresas bolivianas tan esforzadas tengan al frente una política errante en materia de seguridad jurídica, populista con dobles aguinaldos, más impuestos, que pueden obstaculizar el empuje que tienen.

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