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18 de julio de 2017, 4:00 AM
18 de julio de 2017, 4:00 AM

Hay mucho para mirar en este mundo donde las verdades parecen desdoblarse y reproducirse todo el tiempo. Nosotros, hombres y mujeres que somos de tan diversas maneras, miramos en todas direcciones y desde muchas perspectivas: no es lo mismo atravesar una avenida inmersa en el aire acondicionado detrás de la ventana cerrada, que recorrer esa misma avenida desde el apretarse en el micro, en el sofoco del mediodía.

O miramos el noticiario de la noche y, tal vez, pensamos realmente que eso que vemos es realmente lo que pasó o que, tal vez, eso que nos muestran es todo lo que pasó que puede resultar importante para alguno de nosotros. 

El Gobierno, las autoridades, los políticos. Lo que se hace, lo que no se hace bien, las leyes, las grandes discusiones. Las muertes. Hay muertes que nos sorprenden más que otras. Pensamos en los gobiernos como el lugar donde pueden resolverse las cosas. 

Escuchamos en la radio, leemos el periódico, o tal vez no. Tal vez las noticias sean apenas un murmullo al fondo, mientras que en primer plano los hijos, las facturas, el trabajo, un fin de semana largo, el carro basurero que no pasó ayer, el sur de ayer por la mañana.

¿Dónde ocurre la vida? Ahí, precisamente. En esto que nos pasa, que hacemos que pase. La vida son las personas que tenemos cerca. Eso es lo real. 

A veces dejamos de mirar ahí. Que los políticos, que la economía, que los ratings y las encuestas. Pero la vida ocurre en otra parte: aquí en nuestra piel, en el devenir de quienes amamos, y tal como somos.

Tal vez convenga recordar que la política, la economía, las noticias, la ciencia tienen todas un mismo objetivo: preservar la vida y asegurar su reproducción. Eso es lo que importa. Lo demás es interés, vanidad, rivalidad inútil o ambición. 

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