Opinión

Aeropuertos costosos y sin uso

El Deber 29/5/2019 04:00

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Un hecho recurrente de este boom de la economía del gas, durante la actual gestión de Gobierno, ha sido el gasto dispendioso de recursos estatales en obras de infraestructura que terminaron sin mercado suficiente para justificar su rentabilidad y sostenibilidad en el tiempo.

No solo las decenas de coliseos, estadios y canchas de fútbol en centros urbanos menores, sino también diversos aeropuertos que conllevaron el gasto de ingentes cantidades de fondos públicos pero que no tienen vuelos comerciales.

Un informe del suplemento Económico de EL DEBER revela que el Estado gastó 77,6 millones de dólares en la construcción de los aeropuertos de Chimoré (Cochabamba), Monteagudo (Chuquisaca), San Ignacio (Santa Cruz) y Copacabana (La Paz); sin embargo, en sus pistas no aterrizan vuelos comerciales y si estos se realizaron alguna vez, ya no lo hacen, dejando grandes moles en un estado de deterioro.

Solo como dos ejemplos lamentables de esta situación, el aeropuerto internacional Soberanía, en Chimoré, población ubicada en el corazón de Chapare, no cuenta con movimiento comercial desde hace siete meses; mientras que el Tito Yupanqui se encuentra cerrado, afectado por la humedad y con una infraestructura que se deteriora.

Al ver esta situación, es inevitable preguntarse si a la hora de planificar la construcción de un aeropuerto existen los estudios de mercado suficientes para saber si existe la demanda que justifique la millonaria inversión. En Copacabana, los pobladores aseveran que solo una vez aterrizaron aviones y fue cuando inauguraron la terminal aérea.

Se suponía que estos aeropuertos debían impulsar el desarrollo del turismo; sin embargo, la falta de mercado y de condiciones económicas para una industria todavía naciente, están llevando a cuestionar la forma cómo se gastaron los recursos de la renta gasífera.

En otros tres aeropuertos, Oruro, Uyuni (Potosí) y Alcantarí (Chuquisaca) se invirtieron 107 millones de dólares y, al parecer, sí cuentan con un flujo razonable de pasajeros que justificarían la inversión.

Está claro que hace falta una estrategia más agresiva y eficiente para desarrollar el turismo en Bolivia, que es destino para un poco más de un millón de extranjeros al año, mientras que Chile recibe más de 7 millones de personas al año y Perú cuenta con más de cinco millones de turistas anuales.

La infraestructura es necesaria, pero resulta insuficiente si no viene acompañada de la inversión en otros rubros fundamentales para desarrollar un flujo turístico extranjero y nacional que genere fuentes de trabajo y aporte más significativamente al crecimiento económico del país.

A esto se suma el debate sobre las prioridades en el gasto público. Mientras se gastan tantos recursos en palacios presidenciales, canchas sintéticas y aeropuertos, la salud requiere urgente más fondos para la construcción de hospitales oncológicos y centros de salud de alta complejidad.