Opinión

Aguanten las feministas

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24 de septiembre de 2017, 23:20 PM
24 de septiembre de 2017, 23:20 PM

José Antonio Prado

Ser feminista en un medio como el nuestro es, sin duda, una lucha inclemente. Sin relato épico de los medios, con frecuencia en cruda soledad, sus frentes de batalla son incontables: operadores de justicia que más bien la imposibilitan; autoridades que ejercen casi un ‘derecho de pernada’ en sus feudos; medios que mientras pontifican, cosifican o cobijan golpeadores; mujeres machistas que mandan a las rebeldes a callar, para que no espanten a los hombres; maridos que no entienden nada, y también los que entendemos pero no terminamos de asumir nuestra mitad de las tareas del cuidado; y el colegio, la universidad, el trabajo, con sus cotidianos ‘chistes’ y violencias; o los infinitos despistados en las redes a quienes hay que explicar que feminismo no es lo contrario de machismo, o aguantar que califiquen cualquier cosa como “feminazi”, palabreja vil que apesta a miedo.

No reconocer, acompañar, asumir como propias estas luchas, es ceguera y cobardía, en mi opinión. Es un hecho de la historia que urge equilibrar esta balanza, y un hecho de la aritmética que para redistribuir, alguien debe ceder. A los hombres nos toca ceder poder, en todo ámbito y escala, y es estúpido no hacerlo con amor y entusiasmo.

En lugar de asustarnos por la incertidumbre, aprendamos del valiente y diverso mundo femenino-feminista, de esas chifladas bellas: las que se creen brujas; las que no hablan mucho pero ejercen; las que ostentan severa armadura y reservan su sonrisa para la intimidad; las pichonas que hoy descubren la injusticia y actúan impacientes; las que batallan desde el conocimiento y la teoría; las veteranas que ya están de vuelta, ‘mamagrandes’ que regalan perspectiva; las que con su coquetería arrolladora descolocan a todo el mundo, desobedientes del estereotipo de la marimacho que nos avise a la distancia del peligro que se acerca; de las que escapan a las caricaturas con las que con cariño las jocheo.

No me atrevo a declararme feminista por los puntos que me faltan para merecer el honor. Me atrevo, eso sí, a declararme postulante a feminista, uno firme, como papayo macho.

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