Hugo Vaca Pereira Rocha
Este artículo analiza exclusivamente los planes de gobierno de las tres fuerzas que hoy lideran las encuestas: Unidad (Samuel Doria Medina), Libertad y Democracia – LyD (Tuto Quiroga) y Popular (Andrónico Rodríguez). No se trata de evaluar candidaturas ni liderazgos, sino de comparar qué respuestas ofrecen sus propuestas económicas ante la crisis.
Bolivia se enfrenta a una de las crisis económicas más complejas desde el retorno a la democracia. El próximo gobierno no podrá esquivar el ajuste: deberá enfrentar déficit fiscal, reservas en caída libre, distorsiones cambiarias y un aparato estatal que gasta más de lo que genera. En este contexto, los planes económicos de Unidad, LyD y Popular ofrecen tres respuestas distintas: una técnica gradualista, otra ortodoxa de shock y una más reformista, que busca corregir sin desmontar.
Unidad y LyD coinciden en lo esencial. Ambas alianzas plantean sustituir el tipo de cambio fijo por un sistema de subastas diarias de divisas, como el bolsín que operó en los 90. Buscan eliminar el mercado negro y restaurar la transparencia cambiaria. También proponen eliminar el financiamiento del déficit con emisión monetaria y aplicar una política fiscal de ajuste estructural, con metas definidas y herramientas específicas.
Unidad propone reducir el gasto corriente en al menos 20%, reestructurar empresas públicas, mantener bonos sociales con financiamiento real y recuperar la autonomía del Banco Central. Plantea un ajuste ordenado y progresivo, con objetivos concretos y un horizonte institucional de transición que prioriza la estabilidad.
LyD va más lejos: plantea una reforma constitucional para prohibir explícitamente que el Banco Central financie al sector público bajo cualquier modalidad. Además, propone reducir drásticamente el aparato estatal, cerrar o privatizar empresas públicas, y realizar una auditoría integral del sector público. Aunque no presenta cifras específicas, su propuesta combina un modelo de Estado mínimo con una estrategia de shock normativo, que apuesta a la credibilidad como ancla de estabilidad.
Popular reconoce también la necesidad de ajuste. Su plan incluye medidas inmediatas y graduales: reducción del gasto corriente, evaluación del desempeño institucional y focalización del gasto social. Sin embargo, no presenta metas fiscales cuantificadas ni cifras concretas. Apuesta por fortalecer empresas públicas y ampliar bonos, combinando disciplina fiscal con un enfoque de sostenibilidad sin desmontar el rol económico del Estado.
El dilema de fondo no es solo técnico, sino político: ¿cómo ajustar sin quebrar la gobernabilidad? ¿Cómo lograr que el ajuste sea una decisión anticipada y responsable, y no una reacción forzada por el colapso económico? Unidad y LyD delinean rutas con transformaciones institucionales profundas y rediseños estructurales; Popular apuesta por una corrección fiscal moderada, sin desmontar la arquitectura estatal.
Esta elección no será entre izquierda y derecha. Será una elección marcada por el pragmatismo, donde los votantes deberán decidir entre tres formas de enfrentar la misma crisis: con cirugía progresiva, con shock quirúrgico o con administración mitigada.