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Al Gobierno de la presidenta Jeanine Áñez le quedan alrededor de dos meses de gobierno, quizás tres si es que se llega a la segunda vuelta electoral.

En los diez meses que lleva al mando de Bolivia ha tenido que capear un huracán político, dividido en dos partes; una crisis sanitaria, consecuencia de la pandemia del Covid-19 y las extremas carencias irresueltas por el Gobierno de Evo Morales, y una crisis económica de magnitudes aún insospechadas, que deja más pobreza, desempleo y hambre en el país, que lo desnuda plenamente ante los bolivianos y ante el mundo. Empero, no todos los pasos que se dieron en este duro transitar de su gestión han sido acertados y ella aún tiene margen para reencaminar lo que está mal planteado.

Sin duda, la cuarentena temprana, seguida del pago de bonos para la población más afectada, en el momento más crítico de la pandemia, han sido soluciones bien encaminadas. 

A ello se suma el diferimiento en el pago de créditos, la suspensión de cortes de servicios básicos, etc.

En el área económica, lo que no estuvo bien fue pretender que los bonos sean el estandarte electoral de la candidata, porque eso obstaculizó una solución dialogada para permitir que los créditos internacionales fluyan y alivien la grave situación del país.

Lamentablemente no hay mucho que destacar respecto al manejo de los hidrocarburos.

El acuerdo con Petrobras se vio empañado por la politización en YPFB, las pugnas de poder entre el ministro y el extitular de la empresa estatal, terminando en una increíble escasez de diésel en pleno tiempo de cosecha agrícola; además, las megaplantas de industrialización siguen sin mejorar su rendimiento y tampoco se ven acciones correctivas de fondo para evitar que el problema continúe sin solución.

Hubo inestabilidad en el Ministerio de Economía, lo que no da certidumbres a la población. Quizás por eso, varias encuestas conocidas ven que las cosas van por mal camino en el país.

La cuarentena ayudó a contener la expansión del Covid, eso es real. Lo que no se hizo de manera oportuna fue la búsqueda y compra rápida de respiradores, reactivos y otros materiales para atender la emergencia. Esa mala gestión en el Ministerio de Salud estuvo acompañada por un gravísimo hecho de corrupción, que fue lapidario para las aspiraciones electorales de Jeanine Áñez y de sus aliados.

En lo social, es cierto que se ha equipado mejor los hospitales, ya no son tan pobres como eran, pero siguen con carencias; ni qué decir del personal de salud que no tiene certezas laborales porque hay muchos contratos temporales que se acabarán en octubre y no se tomaron las previsiones para que esto no derive en conflicto.

Uno de los peores aplazos estuvo en el área de educación. Es increíble que recién en junio se hubiera emitido el decreto para reglamentar la educación virtual y que un mes después (ante el fracaso en la relación con los sindicatos docentes) se decida clausurar el año escolar. Este es quizás uno de los baches más profundos de este Gobierno.

La gestión tuvo un problema claro y fue la acción política electoral de la presidenta candidata. Obviamente, era su derecho, pero fue un error que marcó el rumbo de su gestión y la misma correlación de fuerzas políticas. 

Ahora, le toca reencaminar su Gobierno pensando más en la transición, para que sea impecable y, sobre todo, evitando que la sombra de la corrupción se instale en los ministerios. Ella necesita firmeza, la misma que ya ha demostrado antes y que ahora es preciso aplicar hacia el interior de su Gobierno.