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Al balotaje, sin vueltas, ni trampas

Róger Cortez H 22/10/2019 03:00

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No existe justificación creíble para el frenazo del recuento rápido, ya que decir, como el TSE, que se trata de “evitar confusiones con el resultado del sistema de cómputo departamental”, carece de base ló- gica y choca con la experiencia acumulada por el país en largos años. En realidad, la trampa consiste en ocultar los datos del recuento que prueban que la segunda vuelta es un hecho y sustituirlo con el lento conteo físico, departamental, mientras preparan y arman más triquiñuelas como las de Potosí y todos los lugares con poco o ningún control ciudadano, como muchos del extranjero y del campo “profundo”. 

El enfoque del TSE, achacando potenciales problemas al sistema informático, trata de tapar que el primer sistema que ha caído es el del prepotente triunfalismo del ré- gimen y su anuncio de ganar con 70%. El conteo rápido, al 100%, de la empresa que le había dado previamente 20 puntos de ventaja al oficialismo, establece que Morales, Movimiento al Socialismo, (MAS) rebasa con apenas 3.5% al candidato Mesa de Comunidad Ciudadana (CC) y que, sin más remedio, habrá segunda vuelta el 15 de diciembre. 

Esta mínima diferencia no puede alterarse de ninguna manera legítima, porque para que ello, tomando en cuenta que el recuento preliminar oficial al 83.7%, daba 45.2% al MAS y 38.1% a Comunidad Ciudadana (CC), sería indispensable que la votación del candidato opositor se congele en seco, entre en coma terminal y que el MAS obtenga la casi totalidad del porcentaje faltante para completar el recuento. 

Adelantándose a las explicaciones que el TSE improvisaba hasta varias horas después de frenar el recuento, o quizás orientándolo en lo que debe decir, el candidato Evo Morales Ayma se proclamaba ganador, afirmando que los votos del campo tardan en llegar y que ellos le darían la victoria. 

Trataba de trasladar al presente una situación de hace 17 años, cuando las nevadas dificultaron el tránsito de las ánforas de remotas locaciones rurales. Pero, Morales olvida que, en los años transcurridos, la revolución de las comunicaciones y la transmisión de datos hacen que la información de las ciudades y la de prácticamente cualquier recinto, por remoto que sea, llegan simultáneamente el mismo día de la elección.

 Para el conteo rápido y preliminar no es necesario que las ánforas y los votos arriben a los centros de cómputo porque. con las fotografías de las actas transmitidas, se construye una muestra representativa de la votación que varía casi nada con el escrutinio físico. Para que el MAS pueda ganar en primera vuelta, será necesario un milagro que haga nevar, desde Yacuiba a San Buenaventura y Puerto Suarez…o, tal vez, una providencial caída del sistema computarizado. Eso puede hacerse, contando con la complicidad cerrada y total del TSE. 

Lo que ese organismo, subyugado por el régimen, no puede hacer es controlar la reacción ciudadana ante una falsificación y nuevo atropello de la clarísima mayoría que dio la espalda al régimen.

El MAS no puede proclamarse ganador en primera vuelta, porque la Constitución llama así al que obtiene la mitad más uno de los votos o, 40% y una diferencia de más de 10 puntos sobre su inmediato seguidor y el partido del régimen, no lo ha logrado. No ganaron nada. Si el régimen trata de repetir la violación de la voluntad democrática que, en 2016, prohibió la reelección y hoy vuelve a cerrar la puerta a sus personeros, provocará que las situaciones de rebeldía popular- como las de Ecuador o Chile- se presenten aquí, no debido a que el MAS se vaya, como amenaza el vice, sino por la viciosa insistencia de sus personeros a quedarse a la fuerza y con fraude. 

Los otros sistemas que han caído el domingo 20 de octubre, son el del corporativismo prebendal impuesto por el MAS; el sistema de partidos en su totalidad, con el entierro de todas las siglas y el naufragio de la que intentó construir “Demócratas”. Bolivia es hoy una democracia sin partidos, porque el único que ostenta esa condición -el MAS- es propiamente una coalición de organizaciones corporativas y sindicales, mientras que su inmediato competidor no tiene estructura partidaria. 

Las siglas que subsistirán no son verdaderas organizaciones, sino consorcios especializados en el alquiler de siglas vacías. Definitivamente, estas elecciones han inaugurado un nuevo tiempo, donde quienes desde el poder nos incitan a no volver al pasado, no dándose cuenta que hoy, son ellos precisa y justamente, los representantes de ese repudiado pasado.