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¡Alarma! No más violencia a niñas y niños

26/4/2021 12:49

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Por Alfonso Lupo, director nacional de Aldeas Infantiles SOS Bolivia

“Niño de cuatro años muere estrangulado”, “Seis infanticidios y 800 vejámenes en el primer trimestre”. “Un padre estrangula a su bebita de 7 meses”, “Niño de 6 años murió degollado por su tío”. “Adolescente de 14 años fue víctima de una violación grupal”. Estos fueron algunos titulares de la prensa nacional en los últimos cuatro meses del año. 

Así, el domingo 25 de abril, recordamos el Día internacional de la lucha contra el maltrato infantil.

Es importante, sí, que toda la población ingrese en un estado de alarma, de emergencia y de movilización por la niñez y adolescencia en situación de desprotección, porque no es normal que suceda y no debemos naturalizarlo. La experiencia de trabajo nos dice que, en la mayoría de los casos, la violencia es consecuencia de la suma de muchos factores y termina explotando de la peor manera. Sí, lo que sucede es más grave y profundo de lo que parece.

La problemática tiene una escalada y tiende a agravarse. En los primeros cuatro meses del año, según la Policía Boliviana, en el país han existido 726 denuncias de violencia contra niñas, niños y adolescentes. La mayoría de los casos sucedieron en la familia. La misma instancia afirmó que, incluso, muchos casos ni llegan a registrarse. 

A la vez, ya han sumado siete infanticidios y 36 feminicidios donde niñas y niños han sido víctimas indirectas. Aquellas niñas, niños y mujeres tuvieron que apagarse y convertirse en otra cifra de violencia ¿acaso nos estamos acostumbrando a esta realidad?

Basados en lo que como organización hemos vivido en 52 años de trabajo en el país, podemos afirmar que las niñas, niños y adolescentes que han llegado a sufrir situaciones extremas de violencia, han estado conviviendo en familias afectadas por diversos factores como la negligencia, la ausencia de empleo, el fracaso en los proyectos de vida, los problemas educativos, la desigualdad de género, las enfermedades no atendidas, el consumo de sustancias controladas, el estrés; en la gran mayoría combinados y en diferentes grados de afectación.

¡Alarmarnos, sí! Alarmarnos para evitar la violencia también significa trabajar conjuntamente en prevenir y atender a niñas y niños que provienen de familias con múltiples problemáticas. Es urgente levantarlas porque son potencialmente las que en un futuro podrían apagar la vida de las niñas y niños. No podemos dejar que aquello suceda.

Hace unos meses, la trabajadora social de uno de nuestros programas me decía, “cuando llegamos a las familias en alto riesgo, la mayor cantidad de veces encontramos a las niñas y niños no solamente con hambre, sino con traumas, miedo y desconfianza de los adultos”. Aquel testimonio es el día a día de muchos profesionales que trabajan con nosotros y el motivo por el que trabajamos intensamente en el fortalecimiento familiar y el cuidado alterativo, desde un enfoque familiar y protector para la infancia en situación de riesgo.

Que la violencia contra niñas, niños y adolescentes nunca se naturalice y a quienes la vivieron se les restituyan sus derechos y la protección de una familia. Una infancia plena requiere del compromiso, sí, del compromiso de todos los sectores de la sociedad, de las familias, del gobierno, de los vecinos, de las organizaciones, de la prensa, de usted, de mí, de todas y todos. Debemos levantarlas y darles esperanza. Que la violencia no sea parte de la vida de ninguna niña o niño.

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