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Santa Cruz tuvo 57 muertos por Coronavirus el sábado 29, la cifra más alta de decesos desde que comenzó la pandemia, mientras la región y el país se preparan para una mayor flexibilización desde el 1 de septiembre, lo cual significa prácticamente el retorno a la completa normalidad que conocíamos en febrero, excepto quizá por la prohibición de actividades nocturnas.

La estadística oficial dice que hubo una desaceleración y hay quienes incluso aseguran que Santa Cruz y el país ya superaron el pico de contagios.

Sin embargo, nada de eso es congruente con la realidad de las calles, ni siquiera con la tasa de letalidad oficial del Covid-19.

Se entiende que, en una época electoral como la que vivimos, a ninguna autoridad local, departamental ni nacional le conviene que los números muestren una estadística trágica, en parte porque en ese detalle radica el éxito o fracaso de sus intenciones de voto, pero peor sería que desde los espacios de mirada independiente no se vea que algo no cuadra en la estadística.

¿Cómo se entiende que supuestamente ahora hay menos casos de contagio, pero se producen más muertes por Covid-19?

La primera evidencia es el número insuficiente de pruebas, una crítica permanente que a las autoridades no les interesó durante este tiempo: a menos pruebas, menos casos de contagio reportados, pero como para morir no se necesitan pruebas, ahí está el elevado número de decesos.

La segunda explicación es que, con el fácil acceso de este tiempo a las pruebas rápidas, gran parte de la población prefiere hacerse por cuenta propia esos test incluso sin salir de casa ni exponerse a acercarse a un centro de salud Covid-19, y ninguno de los miles de casos positivos que dan esas pruebas ingresan a la estadística oficial del Gobierno.

¿No son también los rastrillajes que se hicieron, primero en Santa Cruz y después en La Paz, otra prueba de que cuando el testeo llega a los domicilios aparece una gran cantidad de casos que tampoco se incluye en la estadística oficial?

Un tercer elemento es que, así como muchos ciudadanos prefieren tratar sus casos en casa, también otros prefieren enterrar a sus muertos sin pasar por los hospitales ni mucho menos por las hojas Excel de los Sedes ni Ministerio de Salud.

¿No es curioso que el número de casos positivos de Covid-19 en Santa Cruz el sábado 29 sea de solo 94 personas y que los fallecidos sean 57? Si la estadística hace un corte de datos en solo esas 24 horas, tendría que concluir que en esta región ese día el 60 por ciento de contagios terminó en muertes.

Esa conclusión naturalmente no es válida porque la estadística debe recoger más casos que los de solo un día, pero entonces ¿por qué el número de casos positivos es tan bajo que casi permite compararse en esa proporción con el de los fallecidos? Algo no está bien, y lo peor que se puede hacer es cerrar los ojos a la realidad.

Santa Cruz y el país entrarán a una normalidad casi plena desde este martes 1 y, si se guía en la estadística oficial de positivos, se podría creer que ya no hay peligro, cuando en realidad está ocurriendo exactamente lo contrario.

El manejo de la pandemia debiera tener un tratamiento rigurosamente médico y científico y estar por fuera de todo cálculo electoral, pero eso es mucho pedir a un sistema político poco amigable con la práctica de la transparencia.