El Foro Bolivia 2025 organizado por el semanario Nueva Economía, El Deber y Radio Panamericana reunió a cinco precandidatos de la oposición y un potencial candidato oficialista: Andrónico Rodríguez.
La participación de la oposición estuvo a cargo de, Vicente Cuellar, Branko Marincowic, Rodrigo Paz Pereira, Samuel Doria Medina y Chi Hyung Chung. Se trató de un evento que abrió un espacio democrático de naturaleza electoral que había estado ausente del país a lo largo de todo el ciclo hegemónico masista, de manera que inauguró un estilo de acción electoral que seguramente permitirá grandes debates, de alguna manera recuperó la tradición democrática que el MAS suprimió bajo un manto autoritario.
El común denominador en las intervenciones giró en torno a las estrategias para enfrentar la crisis económica y, a excepción de Andrónico Rodríguez, el devastador estado de cosas que deja el MAS.
Todos coincidieron además en que enfrentamos una coyuntura que a claras luces marca el fin de un ciclo histórico y la necesidad inobjetable de enfrentar una situación diferente, lo que supone poner en duda la vigencia del Estado Plurinacional, y analizar la posibilidad del retorno al estatus jurídico republicano. De la mano de esto, todos los argumentos dieron por sentado el fracaso del modelo económico que acompañó el experimento plurinacional, sin embargo, más allá de las estrategias y mecanismos que cada fuerza política ideó para enfrentar la crisis del modelo económico, y la necesidad de retornar a un esquema liberal más acorde con los tiempos que corren, ninguna de las intervenciones delineó las características que debía poseer el Estado post masista.
En el horizonte reflexivo de los participantes no parece estar presente con la fuerza necesaria la idea de transformar el Estado desde la perspectiva de las nuevas condiciones históricas que supone el fin de la hegemonía masista, pero, sobre todo, el fin del Estado del 52. Los precandidatos no parecen haber medido adecuadamente el hecho de que las condiciones sociales, políticas, culturales y económicas actuales son bastante diferentes a las que encontró el MAS el 2005.
Para empezar, los interlocutores actuales constituyen un conjunto de ciudadanos que ya muy poco tienen que ver con los que hace 20 años atrás apoyaron la candidatura de Evo Morales, y en consecuencia, el discurso político se ha transformado sustantivamente. Se añade a esto el hecho de que los mecanismos de representación y participación social fueron diezmados por el MAS en la lógica unipolar e indigenista que lo inspiró a lo largo de toda su gestión. Aunque la crisis de representación social es común a todas las democracias occidentales, en el caso boliviano actual es particularmente compleja en la medida en que expresa también el fin del ciclo iniciado en 1952.
A partir de estos supuestos y la certera percepción de que algo ha concluido en Bolivia, y de que algo debe construirse hacia el futuro, se espera que los que aspiran dirigir el país puedan proponer un diseño de sociedad y de Estado que dé continuidad histórica a la nación después del fiasco populista, empero, ninguno de los exponentes propuso formas que le permitan al ciudadano, (hoy librado a su suerte), imaginar cómo será Bolivia después del MAS, y si a la pasión por lo popular le seguirá adecuadamente la pasión por lo ciudadano. En términos generales, el discurso político de las nuevas fuerzas que participaron del Foro no dejó ver un intento serio por repensar Bolivia.
Sus argumentos económicos fueron significativos, pero la economía no funciona en el vacío, su éxito depende del tipo de organización social que la acompaña, en tanto y en cuanto la economía la hacen los ciudadanos de carne y hueso.
Es posible que los verdaderos desafíos de naturaleza histórica aun no sean percibidos de forma clara y objetiva por ninguno de nosotros, (algo natural en procesos de transición estatal como el actual), sin embargo, el esfuerzo por diseñar el futuro de una manera que satisfaga las expectativas de la sociedad actual es una condición sine quanon para el actual momento político de la Nación y el éxito de las nuevas fuerzas políticas.