Opinión

Alternancia y democracia

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20 de abril de 2017, 4:00 AM
20 de abril de 2017, 4:00 AM

Desde dos perspectivas ideológicas contrapuestas y bajo una fuerte presión social, Rafael Correa, en Ecuador, y Horacio Cartes, en Paraguay, dieron un paso al costado en sus aspiraciones de mantenerse en el poder a través de la reelección. Ambas fueron señales de que, en América Latina, los electorados demandan la alternancia como valor fundamental de una democracia y rechazan cualquier impulso de autoritarismo en la política.

La reelección presidencial es una de las instituciones más antiguas de los diversos sistemas de gobierno en el mundo occidental. En general, los regímenes prevén este mecanismo por un periodo, bajo el entendido de que si un mandatario tuvo una buena administración, debería tener la oportunidad de continuar al frente del Poder Ejecutivo una vez más. El caso más emblemático es la democracia en Estados Unidos, donde solo se permite la reelección por un periodo consecutivo. El problema surge cuando los mandatarios buscan mantenerse en el poder por más tiempo y para ello fuerzan reformas constitucionales bajo la excusa de que son los únicos que detentan altos niveles de popularidad. El mesianismo político y el caudillismo están detrás de este perverso fenómeno político que aún afecta a algunos países de América Latina. 

En Bolivia, el 21 de febrero de 2016, el electorado rechazó las aspiraciones de reelección del presidente Evo Morales al finalizar su mandato en 2019. Lejos de respetar esta voluntad popular, el oficialismo ha puesto en marcha una estrategia para habilitar a Morales en una nueva re-reelección por considerar que sería el único que pudiera mantener el actual proceso de cambio. La declaración del 12 de abril, firmada por seis líderes opositores, en la que se reclama respetar el voto contra la reelección del 21-F, forma parte de la demanda de amplios sectores de la sociedad boliviana reacios a que un único mandatario pueda mantenerse en el poder durante casi dos décadas hasta 2025.

Durante su histórica visita a Ecuador, Bolivia y Paraguay, en julio de 2015, el papa Francisco llamó la atención a los líderes políticos que buscan mantenerse para siempre en el poder y no atienden las grandes demandas de los pueblos de América Latina. Destacó los efectos que tiene la concentración del poder para las democracias modernas, donde se mantienen las tendencias autoritarias y represivas. Ojalá los dirigentes latinoamericanos piensen más en el interés común antes que en sus planes personales o partidarios de continuar al frente del Estado de cualquier forma. 

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