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Amalia Villa de la Tapia: valerosa primera aviadora boliviana

Domingo, 22 de junio de 2025 a las 02:00

Por Redacción

“Las lectoras” | Santa cruz

Amalia, hoy, día de tu aniversario natal, te recordamos con admiración, respeto, cariño y valoración por tu trayectoria que inspira, por el legado que dejaste. Mujer boliviana, hiciste crecer tus alas como desde niña soñaste. Nunca serás olvidada, de eso puedes estar segura. Que lleguen a ti, hasta dónde te encuentres, las felicitaciones de tus amigas.

El 22 de junio debería ser una fecha memorable en la historia de Bolivia, y más específicamente en la historia de la aviación del país. Amalia Villa de la Tapia, nacida en la ciudad de Potosí un 22 de junio de 1893 y fallecida en 1994, tuvo una vida tan larga como apasionante e intensa. De eso sabemos gracias a Gaby Vallejo Canedo, quien escribió una biografía novelada de Amalia Villa de la Tapia, rescatándola de la soledad, oscuridad y olvido, donde el machismo de nuestras sociedades en su época la había confinado. Amalia Villa de la Tapia fue la primera mujer aviadora de Bolivia y también del Perú, donde cursó sus estudios de aviación.

Gracias a su tenacidad, audacia, talento y clara resolución por su vocación, Amalia, la potosina, obtuvo su brevete de aviadora, como piloto civil, en Lima -Perú- en 1922, convirtiéndose así en la primera mujer boliviana —y tal vez sudamericana— en volar un avión. Amalia supo remontar obstáculos de todo tipo y proseguir con sus estudios de aviación en Francia. Hizo todo esto cuando en Bolivia no había ningún avión boliviano, ni un aeropuerto, ni ninguna mujer aviadora; cuando la sociedad boliviana no tomaba en cuenta a las mujeres por ser mujeres. Tal vez por eso mismo, la aviación, ese mundo vetado para las mujeres se convirtió en su razón de vivir. 

Cierto, Amalia tuvo el coraje de enfrentar a la sociedad de su época, de marcar sus espacios y ocuparlos con gran sabiduría cuando todo el mundo le decía que no. Amalia “alzó vuelo en tiempos donde el cielo estaba aún cerrado a las mujeres”. 

Pero Amalia además fue generosa, supo dejar testimonio de su “amor por Bolivia”, aunque su patria no le correspondiera de igual manera. Prueba de ese amor fue su firme decisión de no adoptar la nacionalidad peruana que le fuera ofrecida al graduarse ni recibir su brevete de aviadora civil como peruana. En cambio, un hombre boliviano, el embajador de entonces en Francia, decidió impedir que Amalia se embarcase, junto a una aviadora francesa, en un raid que cruzaría el Atlántico desde París a New York. Todo un acontecimiento en la historia de la aviación. Y fue vetado por mezquindad o por simple resistencia machista. Tiene razón Vallejo al imaginar sentimientos de Amalia en aquel momento expresados en un “otra vez, Bolivia me ha llegado con dolor”. 

Al regresar a su patria, Amalia tuvo un rol muy importante en la creación de la Escuela de Aviación Civil, que fuera el antecedente de la Fuerza Aérea Boliviana. También quiso participar en la Guerra del Chaco, pero una vez más se le negó la posibilidad de combatir por ser mujer. Pero ella no se rindió. Amalia supo remontar los límites de su tiempo; dejó huellas de ser una mujer culta, sensible e inteligente. No otra cosa dice el haber dedicado su vida a “investigar y preservar la historia de la aviación nacional”, plasmada en los tres tomos de “Alas de Bolivia” y en museos que impulsó a crear y que “resguardan la memoria de los pioneros del aire”. 

Como ocurre a menudo en la historia, esta “pionera de los cielos, centinela de la historia” solo post mortem fue ascendida a coronela de la Fuerza Aérea Boliviana. Su larga vida, vivió hasta los 101 años, fue una clara muestra que “… ningún cielo es demasiado alto cuando el alma tiene alas”
 

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