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No deja de sorprender la falta de compromiso con los bolivianos y la ambición de poder que demuestran los asambleístas, los militantes y el jefe del MAS, Evo Morales. La convocatoria a elecciones en tres meses, desoyendo los plazos que claramente dio el Tribunal Supremo Electoral, y las movilizaciones convocadas en diversas zonas del país son una clara muestra de que su desesperación por retomar el Gobierno y hacer política a la mala los tiene obnubilados y sin tomar conciencia de los peligros que acechan a la salud de los ciudadanos de este país.

Una mirada retrospectiva permite comprender que lo ocurrido ayer estaba cuidadosamente planeado. Al MAS y a Morales no les funcionó cuando insistían en la realización de comicios el 3 de mayo, cuando decía que “En las elecciones no hay grandes concentraciones, van y votan uno por uno y luego se van”. Quizás él no sabe cómo son las jornadas electorales, porque durante más de 15 años fue el primero en votar en su mesa de Villa 14 de Septiembre (Chapare), nunca hizo fila y no se percató que hay horas pico en las que multitudes se reúnen en los recintos de votación.

El MAS articuló su estrategia de manera clara, se ocupó más de eso que de cumplir el trabajo de legislar, porque tiene cientos de proyectos de ley durmiendo; los que sí avanzan a paso acelerado son los que pueden beneficiar a su jefe nacional (ahora en Argentina) para que no se lo procese por haber instigado al cerco de ciudades, durante una conversación telefónica que ya es de público conocimiento en la que su voz ha sido verificada por peritos internacionales.

Un asambleísta del MAS no pudo responder a una periodista respecto a cuáles eran los parámetros científicos sobre los que afirmaban que votar en tres meses no era peligroso para la salud. La pandemia de coronavirus está en pleno ascenso en Bolivia. Hay más de 1.000 casos y serán muchos más si es que no se toman en serio las medidas estrictas de aislamiento y de precauciones. ¿Es que a Evo Morales no le importa que mueran los bolivianos con tal de retomar el poder? ¿Será que las muertes son un daño colateral de su proyecto? Si es así se puede comprender que la misma noche que la senadora de su partido promulgó la ley que dispone elecciones en tres meses, se hubieran producido hechos de violencia en El Alto, Yapacaní, San Julián, el trópico de Cochabamba. La coincidencia de todos estos brotes de agresiones y vulneración de la cuarentena era que quienes los promovían coincidían en la demanda de elecciones y protestaban contra la presidenta. Pretender que no se vinculen ambas situaciones es un insulto a la inteligencia.

Lamentablemente, el MAS no sabe hacer política lejos de la confrontación y de la agresividad. Solo hay que recordar que en los discursos de Evo Morales siempre había un ‘enemigo’ al cual culpar de todos los males del país; Álvaro García Linera llegó a decirles a unos estudiantes que había que andar con el fusil bajo el poncho. Más allá de las palabras, Morales fue el primero en anunciar (cuando aun gobernaba Bolivia) que iba a enseñar a bloquear a las clases medias y que los cocaleros le habían planteado hacer cercos a las ciudades para cortar el paso de los alimentos; después lo repitió estando fuera del poder, dando órdenes a un dirigente en ese sentido y por eso ahora está sometido a un proceso en Bolivia.

Si algo queda claro tras las últimas acciones del MAS, es que ese partido, su dirigencia liderada por Evo Morales y todos los que le siguen, están dispuestos a sacrificar al país, que no les importa ni les ha importado nunca la salud de los bolivianos. Tras quitar el velo de sus intenciones, ellos quieren volver a la guerra electoral y, sin dudarlo, lo harán mediante una guerra de agresiones y de insultos sin cuartel, enarbolando la división del país y el odio entre los bolivianos.