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América Latina está dividida en dos bloques antagónicos: los países gobernados por regímenes populistas –el llamado Socialismo del Siglo XXI– y los que buscan consolidar esquemas democráticos.

El populismo de los regímenes que son socios de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de las Américas (ALBA), parecía en franca retirada. Ecuador, Brasil, Argentina y, recientemente, El Salvador abandonaron este modelo, mientras crecía la alarma por las crisis en Venezuela, cuyo pueblo sufre carencias elementales y la opresión del chavismo.

Como expresión de la preocupación por las violaciones de los derechos humanos, la deformación del Estado de Derecho y, como rasgo común, los intentos de eternizarse en el poder y mal el ejemplo de la Cuba de los Castro, se formó el Grupo de Lima para buscar una salida democrática y pacífica a la grave crisis venezolana.

Pero vino lo impensable: México, bajo el mando de Andrés Manuel López Obrador cambió. No solo ahora muestra afinidad con Venezuela y Cuba, sino que internamente hay en ciernes un modelo neopopulista. El presidente está empeñado en que médicos cubanos vayan a su país, sin considerar experiencias poco edificantes. Es más: Argentina, corre el mismo riesgo del retorno de una corriente probadamente inmoral, y cercana a las dictaduras populistas de nuestra región y aún a los ayatolas de Irán.

Uno de los efectos negativos de este viraje parece que se presentaría en los procesos de integración y en algunos organismos regionales creados a iniciativa de los ex presidentes Lula de Brasil y Chávez de Venezuela.

Este es el caso de ocaso y la virtual desaparición de Unasur. Se señala también como probable destino del Mercosur. La declaración del ministro de economía de Brasil, afirma que, en el caso de un triunfo del kirchnerismo en Argentina con un retorno a su política del pasado, su país abandonará este organismo de integración.

Bolivia no es ajena a esta división. Los métodos del partido gobernante, el afán por eternizarse en el poder, la falta de garantías democráticas, las programadas elecciones de inicio viciadas de nulidad, además del ostensible respaldo a la tiranía de Maduro, no dejan duda de que está en el lado equivocado de esta división en América Latina. Es más: la agresividad del oficialismo en política exterior, muestra carencias básicas e incapacidad de cultivar relaciones maduras, constructivas y de mutua conveniencia con todos los países de la región.