Opinión

Amor de madre

El Deber 24/5/2017 04:00

Escucha esta nota aquí

¿Te acuerdas de esa noche en la que no pudiste decirme nada sobre tu madre? La recuerdo, busqué su corazón abnegado y de amor incondicional, ese, el de las canciones, ahí donde yo quería, sin encontrarlo. Lo encontré donde no pensé, en la obstinada disciplina, al final buena para la vida, la avena con canela, la cama tendida, la ropa lista y las naranjas calientes en invierno. Cada madre es diferente, Clarita, no te olvides que estás hablando de una mujer, que pudo o no haber sido querida, educada, cuidada, atendida; una mujer, un ser humano, que puede sentirse estable con los dos pies sobre la tierra o en equilibrio precario, a punto de caer al vacío. La vida es a veces dura y difícil. Tener un hijo no te redime de tu historia ni te salva de los genes, que mucho determinan tu estado mental y tus maneras de estar en el mundo y para los otros.

¿Te acuerdas del chiquillo que te contaba que su mami era rebuena, pero que tenía una pizca de maldad?, reímos imaginando una chinela dotada de tecnología de vuelo independiente, teledirigida directo a impactar al objetivo… y bueno… es difícil ser la madre perfecta. Isabel Allende, en una de sus novelas, dice que en algo hay que traumar a los niños, para que sean adultos interesantes. Digamos que si la tuya vino dotada de solo una pizca de vileza, pero ha sido capaz de cuidarte, darte autonomía, confiar en que puedes saltar los charcos y mantenerse a tu lado aunque ames a otra persona u otro lugar que no sea su propio chaco, has tenido una madre lo más cerca posible a lo perfecto; si además te mimó y besuqueó, conociste el amor de una diosa. 

¿Existirá tanto amor? ¿Recuerdas cuando escuchamos que ninguna madre es más feliz que el más infeliz de sus hijos? Nos impactó la crudeza de saber que el dolor de un hijo lacera. Hay madres sufriendo lo indecible ahora mismo. En esas horribles situaciones de enfermedad, agresión y muerte, las madres dejamos de ser diosas y lloramos nuestra humana impotencia. Nos interrumpió la charla tu hijo, que salía de tu casa como un vendaval. Te besó. Ese amor sí existe, dijiste cerrando la noche. 

Comentarios