Opinión

Análisis coprosocial del Covid-19

28/3/2020 03:00

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Miguel González

Como diría Lacan: “La realidad tiene estructura de ficción”, y cómo será cierto esto que, ante la presencia mundial de una amenaza potencial, somos incrédulos o nos creemos invulnerables, y nuestras primeras reacciones quizás no son las adecuadas; esto hasta que la parca toca a la puerta. En un mundo frívolo, como es esta era de Caín, donde importa muy poco lo que pueda pasarle a tu hermano, preocupa menos el vecino que el colega. 

Globalizados y sometidos al frenesí del consumo, carentes del mas mínimo indicio de empatía, cada quien se ocupa solo de salvar su trasero. Quizás esta sería la primera explicación a priori de por qué en momentos de crisis mundial, gran parte de los ciudadanos corren a los centros comerciales para dotarse de papel higiénico.

Se puede pensar que este encuentro con la realidad o el súbito corte de su cotidianidad atormenta al sujeto, devolviéndole su humanidad y provocando que termine hundido en el terror de la muerte inminente, abandonado a su suerte se defeca de miedo. Sería otra de las razones por las cuales se abarrotan del papel higiénico de los escaparates; es decir, podría explicarse como un ataque de pánico. 

Lo peligroso de esta situación se da cuando el miedo se desborda y las precauciones se exageran y algunos ciudadanos se empieza a surtir de todo, pretendiendo llenar su búnker en espera del holocausto. Una verdadera actitud de porquería, si consideramos que esta dinámica afecta al otro, al vecino, al amigo, directamente en sus necesidades. Se mete con el derecho de los demás, aunque este detalle poco importe en ese momento.

Al parecer uno de los primeros síntomas antes del contagio del Covid-19 es una diarrea mental, que se presenta en forma de declaraciones de ignorancia plena en los medios y en las redes sociales. Memes y afirmaciones que podrían servir de abono a todo el país. Se escucha decir que el virus es estrategia política, que solo se contagia de noche, que no es real y que no acatarán una cuarentena porque es exagerada. Todo esto da cuenta de la necesidad inmediata de un gran corcho o “marlo” que tape el derrame, en otras palabras: Educación (Freiriana), formación e información. 

El pestilente derrame de esta sociedad se debe a que tuvo casi una quincena de años de mentiras y engaños con frases como “se les va a quitar todo”, “la luna se va a esconder y el sol se escapará” o quizás llevamos así cientos de años. Pero allí no termina la cosa. Creyendo que nos libramos de esto, las autoridades actuales salen con un bono para la niñez (todo se resuelve con dinero) a costos exorbitantes, en vez de invertir en hospitales o respiradores. De esta forma, el mencionado bono se excreta a pocos días de una elección nacional. 

El coronavirus y las cepas que irán mutando aun, se crea o no que son producto de la bioingeniería, son los nuevos habitantes del planeta, que ya bastante sucio se encuentra. Y vinieron para quedarse, así como la sífilis o la viruela. A lo que debemos apuntar, al menos en nuestro intento más próximo, es a erradicar o extinguir la ignorancia que resulta ser más peligrosa que la tos con diarrea. La falta de conciencia social es como un gran excremento que se va pisado y esparcido por todos lados y en todas las regiones. 

Obviamente este corcho del que hablé antes, es apenas un paliativo a mediano plazo que debería ser prioridad nacional y desde el cual se puede actuar desde el próximo Gobierno. Sin duda es un primer paso para ejercer un verdadero papel “higiénico “que nos limpie de eses y “esos”, que permita o laxe el camino hacia la mejora de la cultura de todo un país.

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