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Ángeles, Arcángeles y demonios: todos volvieron al redil muertos

Renzo Abruzzese 3/11/2020 05:00

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A lo largo de los 14 años de gobierno el MAS mostró una particular sensibilidad a desarrollar unas peligrosas borracheras de Poder, la última en la que el entonces presidente acuñó el denominativo de “pititas” fue sin embargo la más célebre. Lo que les pareció un ejercicio callejero terminó expulsando al caudillo de Palacio de Gobierno.

Es posible que este síndrome haya sido la consecuencia de un poder político que Evo Morales sobredimensionó al punto en que todo el aparato cognitivo y las estructuras lógicas que lo acompañaban a él y sus acólitos, se hubieran volcado a sí mismas haciéndoles creer que el mundo se resumía en ellos, que solo era cierto lo que sostenían ellos, que era verdad lo que proclamaban ellos, que era bueno lo que ellos definían como bueno, y que, finalmente, en virtud de todo esto, que eran insustituibles.

Hoy, apenas a semanas de haber logrado un contundente triunfo electoral, los delirios han reaparecido como episodios epidémicos. Volvemos a escucharlos tratando de hacernos creer una sarta de majaderías que ofenden la inteligencia popular. La agresividad de sus expresiones, la denostación, el insulto, la violencia física que se habían suprimido casi por completo inmediatamente después de la huida de Evo Morales han tomado nuevamente las calles, el Congreso, las oficinas públicas y se expresan victoriosos rodeados de una aureola de soberbia incrementada. Han reaparecido las amenazas vedadas, las demostraciones de fuerza y la prepotencia que pensamos fue exorcizada cuando tuvieron que pactar su permanencia en el Congreso en aras de una transición pacífica y el retorno de una democracia más real e inclusiva.

La serenidad, la objetividad y prudencia que los senadores y diputados masistas mostraron en los primeros días del gobierno de Áñez, desaparecieron como por obra de magia desde el minuto mismo en que se ratificó la victoria electoral de Arce Catacora. Se trata de un puñado de aparentes ángeles y algunas decenas de arcángeles que se transformaron en desafiantes demonios cuando se supo la inminencia del retorno del expresidente.

La metamorfosis experimentada los llevó a transformar el Congreso en un bunker en contra de las formas más elementales de la democracia. Se bloquearon créditos para combatir la muerte en medio de la epidemia, se bloqueó el país en medio de una crisis económica producto del Coronavirus-19, se amenazaba con desencadenar la violencia armas y todo. La victoria de Arce Catacora les dio la certeza de que podían hacer lo mismo de siempre o peor, hacerlo sin ninguna limitación. El Congreso y sus 2/3 se transformaron en un reducto antidemocrático pese a su ilegitimidad e ilegalidad constitucional.

A pesar de todo esto, tengo la impresión de que bajo las actuales condiciones históricas el andamiaje pragmático y simbólico que les resultó tan eficiente en los últimos 14 años ya no funciona de la misma manera. El triunfo ciudadano sobre Morales, producto de una movilización que no encaja en ningún esquema ideológico excepto el sentido más claro de la democracia, la emergencia de un movimiento juvenil y generacional que nunca creyó en las mañas del MAS, y la certeza de que la libertad es un bien inembargable e innegociable están otra vez en las calles a pocas horas de que el masismo perpetró su último zarpazo a la libertad suprimiendo los 2/3 para el flamante Congreso.

Sin duda hay un antes y un después que el MAS y particularmente Evo Morales no están pudiendo comprender de manera objetiva. Los ciudadanos ahora están conscientes de un poder que el régimen masista encubría ideológica y mediáticamente, encontraron desde el 21F el escenario apropiado para defender sus ideas y sus derechos: las calles. Para derrotar al menos el 45% de bolivianos que no votó por el MAS, quizá sea necesario que el IPSP recurra a Nerón ordenando quemar las ciudades, y ni aun así le auguro éxito pues ya sabemos cómo terminó Nerón. De lo que sí estoy seguro es que el MAS ha iniciado una batalla de larga, dolorosa, y quizá sangrienta duración.