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Antes que suceda…

13/6/2021 05:00

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Por: César Larraín

Como de costumbre en este tiempo estamos recibiendo noticias, mensajes sobre la muerte de personas conocidas e incluso familiares, afectados no solamente por el virus SARS-Cov-2 (Covid-19), sino por las diversas enfermedades físicas existentes en nuestro entorno.

Y es que, de manera extraordinaria el mundo quedó paralizado social y económicamente, la pandemia nos hizo ceder en muchos aspectos de nuestra cotidiana vida, a tal punto de alejarnos de nuestros seres queridos y el trabajo.

Para algunos afectados por el virus no hay tregua, el avance es inminente, lastimosamente éste llega a atenuar las defensas y de manera radical explora los pulmones fulminándolos casi de manera silenciosa, dando paso a un idilio con la muerte.

Sabemos que ella llegará a nuestra casa, a uno por uno; pero que no te tome por sorpresa, antes que suceda, vierte tu esperanza en Dios, antes que suceda fíjate la meta de conquistar el corazón de Dios, antes que suceda lo que más temes reconcíliate con él, háblale desde lo más profundo de tu corazón, mira a lo alto y vive en él, en su esperanza.

Apreciemos lo que Dios nos da, demos gracias pues el oxígeno que respiramos es gratis, sinceramente deseo que Dios te dé la oportunidad hoy de respirarlo; mañana no queramos hacer cola para comprarlo.

Recuerdo al ladrón que estaba crucificado juntamente con Cristo en el monte del calvario, el cual dijo: Señor, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino, lo que Jesucristo respondió fue una tremenda afirmación de que así seria.

¡Cuánta confianza hubo en las palabras de ese ladrón!, él ya estaba condenado y sabía que la muerte estaba contando los minutos para llevárselo; pero antes que suceda, él reconoció que había esperanza en el más allá, volcó su mirada, buscó y fue perdonado por el Hijo de Dios.

Hoy más que nunca, reflexiono en la etapa más crucial de la humanidad, donde muchas teorías científicas hablan de cómo curarnos físicamente de tal y tal enfermedad, pero ninguna será suficiente. En cualquier caso, también hablemos de curarnos espiritualmente, buscando y encomendándonos a Dios como ese ladrón lo hizo, dando paso a creer en una esperanza viva de resucitar después y ver a nuestros familiares de nuevo.

No nos vayamos sin Dios, no nos vayamos sin esperanzas.

Es un llamado para todos, antes que suceda.

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