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La premisa del presidente Luis Arce Catacora de llevar una administración pública con austeridad, como repitió en varios actos oficiales de sus dos primeros meses, se convirtió muy pronto en papel mojado al conocerse los datos del Presupuesto General del Estado (PGE) del año 2021.

Allí, el Gobierno de Arce presupuestó un gasto corriente para la administración pública del 12 por ciento por encima de lo que se destinó el 2020. En el PGE del 2021 que aprobó la Asamblea Legislativa figuran Bs 47,8 millones dirigidos a gasto corriente, frente a Bs 42,7 millones de un año antes.

En pocas palabras, gasto corriente es la partida del presupuesto que se utiliza en pago de sueldos, pensiones y rentas, y otros gastos como pago de servicios básicos, mantenimientos, transporte y publicidad.

El elevado monto contradice el anuncio de Luis Arce que prometió un gobierno ‘sumamente austero’; en diciembre el presidente dijo que su Gobierno determinó hacer un recorte del 30 por ciento de los recursos de cada institución pública. Esa medida, en sus cálculos, debía reducir el déficit fiscal del 12,3 por ciento al 9,74 por ciento. ¿En qué quedará ahora esa buena intención dado el incremento del presupuesto del gasto corriente?

Podría entenderse que quizá la elevación de esa partida se explica por la contratación de más personal médico y la compra de insumos sanitarios que están exigiendo los gobiernos departamentales en estas semanas para atender las emergencias derivadas de la segunda ola de la pandemia del Covid-19.

Sin embargo, paradójicamente los gobiernos regionales y locales se quejan de que el Gobierno no está atendiendo esas demandas y los hospitales continúan sin el personal necesario para atender a los enfermos.

En realidad, la crecida del presupuesto del gasto corriente ha sido una constante desde el primer año de gobierno del Movimiento Al Socialismo en 2006. Un informe del suplemento Económico de EL DEBER revela que ese año el gasto corriente del Estado se llevaba solamente Bs 8,1 millones.

El año 2010 la cifra para los sueldos creció a Bs 15,0 millones; en 2014 los fondos para el gasto corriente crecieron a Bs 27,9 millones y en 2019 subieron a Bs 39,9 millones.

También el 2020, año en que el MAS no estuvo en el Gobierno, el presupuesto de gasto corriente subió a Bs 42,7 millones. Finalmente, este 2021 el monto es de Bs 47,8 millones.

Normalmente el Gobierno suele explicar que es la creación de nuevos ítems en los sectores de salud y educación lo que provoca esas elevaciones presupuestarias; sin embargo, para nadie es desconocido también que el aparato público es una gigantesca agencia de empleos que ha crecido de manera desproporcionada en los 14 años de gestión de Evo Morales, y las críticas apuntan a que se lo hizo para satisfacer las demandas de ‘pegas’ de la militancia de ese partido.

También están las empresas estatales deficitarias, que se llevan buena parte de los fondos, sobre las que hace pocos días el presidente Luis Arce anunció que se harán nuevas inversiones con el objetivo de reactivarlas. 14 años deficitarios en esas empresas no fueron suficientes para demostrar que es un mal negocio para el Estado crear empresas que crean ‘pegas’ pero no dan retornos.

Economistas apuntan que tarde o temprano el Gobierno tendrá que ajustar nuevamente el presupuesto de gasto corriente para reducirlo, en coherencia con la crítica situación económica de este año, en que el Estado dejará de percibir buena cantidad de ingresos.



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