Opinión

Antiguas palabras andantes

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5 de febrero de 2018, 5:24 AM
5 de febrero de 2018, 5:24 AM
Uno de los mayores honores que puede recibir un escritor es que le soliciten un prólogo, con mayor razón si se trata de una antología de otro país. En mi caso fue el prólogo a la Antología de Poesía kichwa, de Ecuador, Antiguas palabras andantes, que me pidió que escribiera Yana Lucila Lema, poeta ecuatoriana que realizó la compilación. El libro, en edición bilingüe, kichwa-español, ya está circulando en una hermosa edición. 


Yana Lucila sabe que todas las lenguas tienen la capacidad de expresar profundos significados, extraordinarias metáforas y misteriosos símbolos que se resuelven en el poema. Durante un par de siglos se creyó que los idiomas originarios de nuestra América Latina no eran capaces de expresar poesía y, sin embargo, la poesía existía desde que la palabra se hizo verbo en nuestro continente. Poemas de infinita belleza existen en todas las culturas americanas, algunas de ellas ya desaparecidas, pero registradas en crónicas o tradiciones orales. La poesía indígena americana reivindica el vínculo sagrado del poema como puente sensorial entre el ser humano, su interior y su entorno natural y cósmico. La palabra como una espacio sagrado, como una herramienta mística para comunicarse con el mundo y con otros planos metafísicos, a veces invocando protección o simplemente provisión de la vida. 


Lucila ha dividido la antología en tres libros, en los que va incluyendo la obra de poetas de varias naciones que viven en el territorio ecuatoriano. Al leer su extraordinaria selección notamos que en esta poesía existen algunos elementos comunes, como la naturaleza: animales, aves, ríos, lluvia, nubes, árboles y flores; cosmos: estrellas, dioses, tierra y cielo; pueblo: madre, padre, abuelos, niños, ancianos y sueños. Estos elementos están presentes en el poema de Raquel Antun, una poeta shuar, que escribe: Yampinkia nayaimpiniam: yampinkia nayaimpiniam wakaruiti yaa aintsank. / “Jaguares en el cielo: y los jaguares subieron al cielo convertidos en estrellas.”


Veamos un poema de Yana Lucila, en el que se mezclan los sueños y la gente, lo copiaré solamente en español: “Los muertos no están bajo tierra. Ellos pueden partir el tiempo en dos: a ratos vienen, comen miel y naranjas dulces; allá en la otra vida hablan con los espíritus que ellos quieren, dice mi madre, que me abraza aún”. Esta antología de Yana Lucila le devuelve su valor a una poesía potente, magnífica y deslumbrante, como es la poesía kichwa de Ecuador. Esta selección nos permitirá conocer a extraordinarios poetas.
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