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Comienzan a movilizarse las actividades productivas en el país después de la larga pandemia y un problema salta a la vista cuando se observan las medidas económicas de apoyo que otorga el Estado boliviano al sector empresarial: los menos beneficiados son los micro y pequeños productores, que no tienen posibilidades de acceder a los créditos.

Así lo prueba una encuesta reciente a 254 personas del sector manufacturero, impulsada por la Cámara Nacional de Industria, que demuestra que solo una de cuatro empresas industriales ha accedido al crédito ofrecido por el anterior Gobierno nacional para el pago de sueldos y salarios, porque la mayoría de ellas no pudo cumplir con la garantía del aporte empresarial del 100 por ciento que exige el sistema financiero.

Y entre los pocos beneficiados, menos del dos por ciento de las micro y pequeñas empresas accedió a los créditos.

En Bolivia, el sector manufacturero alcanza aproximadamente a 250.000 unidades, en cada una de las cuales trabajan entre tres y diez empleados, y para ellos el mayor obstáculo para llegar a los créditos es el fondo de garantía que establece el sistema financiero, que al ser del 100 por ciento resulta prácticamente imposible de cumplir.

Los directivos del sector se quejan de que los bancos no aceptan las maquinarias como garantías, y que solo contemplan garantías reales como propiedad de inmuebles, pero resulta que en el país la mayoría de las micro y pequeñas empresas no tienen instalaciones propias.

Otro dato revelador en ese mismo sentido es que hasta septiembre de este año, el Banco de Desarrollo Productivo (BDP) otorgó Bs 2.359 millones, de los cuales el 69 por ciento se destinó al sector agropecuario; sin embargo, los recursos no llegaron de manera significativa a los pequeños productores.

El presidente de la Cámara Agropecuaria del Pequeño Productor del Oriente, Isidoro Barrientos, decía en una nota de la sección de Economía de EL DEBER, que los medianos y grandes productores son los más beneficiados con los créditos productivos, ya que ellos tienen la posibilidad de hipotecar sus predios, algo que los pequeños no pueden hacer.

También desde la Confederación Nacional de la Micro y Pequeña Empresa se hizo notar que muy pocos pueden acceder a los recursos porque a ellos se les cobra un interés del 8,5 por ciento, lo que les resulta limitante, mientras a las medianas y grandes empresas se les cobra un interés del cinco por ciento.

Finalmente, la Cámara de Promoción de Exportaciones y Logística de Santa Cruz asegura que el número de exportadores que logró acceder a los créditos del Plan de Empleo y Apoyo a la Estabilidad Laboral no llega al 15 por ciento, y que los sectores más golpeados por la pandemia fueron precisamente los que no encontraron forma de obtener los créditos para el pago de salarios.

Ese balance poco esperanzador podría redundar en un mayor cierre de unidades productivas, con la consecuente pérdida de más empleos que eso significa, por lo que el Gobierno debe apresurar sus medidas en el ámbito económico en una operación de salvataje de los micro y pequeños emprendedores, que por la naturaleza de su limitada dimensión son los más expuestos a sufrir el rigor de la crisis. En ellos radica una buena parte de la posibilidad de reactivar exitosamente el apartado productivo del país.

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