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Aprender a convivir con el coronavirus

Editorial El Deber 13/3/2020 03:00

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La aparición de los primeros casos de coronavirus en Bolivia ha movilizado al Gobierno a tomar medidas urgentes y necesarias, pero aún insuficientes para enfrentar con cierta expectativa de éxito esta emergencia y controlar el poco menos que pánico instalado en la población principalmente por razones de desinformación y en muchos casos ignorancia.

La incomprensible reacción de vecinos que mantienen bloqueadas las vías de acceso a hospitales donde pudieran atenderse a los primeros portadores del virus debe merecer una rápida respuesta de autoridades nacionales que hasta ahora, y sobre este punto, no han hecho más que exhortar a una abstracta solidaridad y empatía.

Es responsabilidad del Gobierno garantizar que un enfermo, de coronavirus o cualquier otro mal, reciba la atención médica necesaria y a la que tiene derecho universal y garantizado también en la Constitución boliviana.

Una persona infectada por el Covid-19 será menos propensa a contagiar a más personas si permanece bajo control médico que una a la que no se le permite recibir atención especializada. Comprender esa premisa es fundamental para la población, a la que se la debe educar y dar información precisa para que se tranquilice, y también para las autoridades que tienen la obligación de hacer cumplir ese derecho por razones sanitarias, legales y humanitarias.

Lo que no es aceptable es dejar a la voluntad de grupos de vecinos enardecidos y mal informados la decisión de que un paciente no sea atendido en tal o cual hospital. El espectáculo que el país está ofreciendo con esas actitudes hacia el mundo es triste y vergonzoso.

No hay mayor misterio en la materia: el Gobierno debe garantizar el libre acceso de los enfermos a los centros de salud elegidos y esa responsabilidad debe cumplirse sin hacer cálculos electorales.

Todo indica, siguiendo la experiencia y la velocidad de expansión del virus en otros países, que en pocos días más la capacidad de los escasos centros de atención que se estarían habilitando en las próximas horas para la atención de Covid-19 serán ampliamente superados y entonces se tendrá que acudir a los hospitales y clínicas de las ciudades.

Por lo demás, son oportunas las otras medidas anunciadas ayer por la presidenta Jeanine Áñez, que dispuso la suspensión de clases hasta el 31 de marzo, la suspensión de los vuelos con Europa, el control de las personas que ingresen al país siguiendo el protocolo recomendado por la OMS, la prohibición de espectáculos públicos con más de 1.000 personas, y la habilitación de infraestructura especial para la atención de pacientes con coronavirus.

El coronavirus ha llegado. Y se quedará un buen tiempo entre nosotros. Es más aconsejable comenzar a convivir de manera informada, inteligente, responsable y serena con él, que reaccionar con nerviosismo, al calor de las emociones y el miedo. El mundo entero ha cambiado su ritmo y hábitos de vida, las bolsas se desploman, el comercio global se ha frenado, el turismo está en su peor momento y los grandes espectáculos del planeta se están suspendiendo por la aparición del virus de Wuhan. Un día pasará. Ojalá que cuando llegue ese momento podamos suspirar aliviados por lo bien que se manejó la emergencia y no lamentar los desaciertos.

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