Opinión

Aprender de la muerte

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30 de marzo de 2020, 3:00 AM
30 de marzo de 2020, 3:00 AM

Todos sabían que iba a llegar, aunque también estaba latente la esperanza de que ocurriera lo más tarde posible. El país amaneció el domingo con la triste noticia de que una anciana de 78 años se ha convertido en la primera víctima fatal del coronavirus. Con esto se confirma la regla de que las personas de la tercera edad son el blanco principal de este enemigo invisible y que cuidarlas es responsabilidad de los más jóvenes.

Quizás fue la tragedia la que permitió que las autoridades de Gobierno y los médicos colegiados y sindicalizados se pongan de acuerdo; que se comprometa la dotación de equipamiento de bioseguridad al personal de salud que está en el frente de batalla y que los galenos se comprometan a cumplir su misión de salvar vidas. Sin duda, el diálogo ha dado cierta certidumbre en un momento en el que los especialistas son la esperanza de 11,5 millones de habitantes para dar batalla al Covid-19.

Una medida también acertada es acordar el repliegue de los médicos mayores de 60 años, porque son parte de la población vulnerable y, si se contagian, pueden requerir terapia intensiva y poner sus vidas en riesgo. Este momento demanda conocimiento y voluntad a prueba de fuego. Es evidente que, en Bolivia como en todo el mundo, el personal de salud contraerá el coronavirus, pero también es probable que quienes tengan menos edad y mayores defensas, puedan atravesar la enfermedad sin mayores complicaciones.

Por otro lado, y tras la constatación de que el coronavirus mata principalmente a personas de la tercera edad, son los hijos y los nietos los antídotos para que sean menos los ancianos infectados por este virus. Eso significa que hay que tomar en serio la cuarentena, la autoprotección para no ser portadores del Covid-19, para evitar que este germen entre en la casa donde viven los padres y los abuelos. 

Una encuesta realizada por Captura Consulting en las ciudades del eje, refleja que el 64% de la población consultada considera el coronavirus como una amenaza muy grave; pero alrededor del 53% ve muy lejos la posibilidad de contagiarse; mientras que el 26% cree que tampoco se infectarán sus allegados. Eso significa que hay conocimiento, pero poca conciencia respecto a la enfermedad que ha puesto al mundo de cabeza.

En cambio, muchos delegan la responsabilidad del combate al coronavirus a las autoridades gubernamentales y encima las critican. El 65% de los encuestados creen que el sistema de salud nacional no está preparado para enfrentar el coronavirus. No obstante, el 81% está de acuerdo con la cuarentena. ¿Entonces, por qué cuesta tanto acatarla como se debe?

Hoy volverán a abrir los mercados y debe aplicarse la disposición de que las personas podrán salir de acuerdo a cómo termina la numeración de su cédula de identidad. Ojalá que el luto y el dolor de perder vidas como efecto del coronavirus sean suficientes para tomar conciencia y no ser causantes de que las personas de mayor edad engrosen la lista de víctimas fatales en el país.


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