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26 de julio de 2019, 4:00 AM
26 de julio de 2019, 4:00 AM

¿Qué significa un árbol? para un escritor, para un campesino, para un viandante o para un turista. La munificencia de estos seres se adhiere al imaginario que lo sintetiza como proveedor de frutos sazonados y suculentos. Se sabe que los árboles coadyuvan a generar el oxígeno que respiramos y que atraen a las lluvias que fecundan la tierra de la que dependemos. Es inimaginable hablar de Dios si en el fondo de la postal no sonríe un árbol.

Los más soñadores ven a los árboles en copas floridas que evocan sentimientos nobles, en maravilloso concierto de hojas al viento, en pajaritos cantores que se camuflan en el follaje, en sonido de cigarras anunciando un nuevo amanecer, en la nostalgia de bosques tupidos, en la grandiosidad de un grueso tronco que late al tacto, en el asombroso misterio de un ser vivo cuya complejidad apenas atisbamos. El inmortal vate Raúl Otero Reiche le dedica sus mejores y perfumadas odas a esa planta de tallo leñoso, obeso y longánimo, que se abre en ramas a cierta altura del suelo y cuyas hojas forman una copa verdolaga que, fuera de convertirse en un pilar protector, nos alivia el alma con su belleza inmaculada. El mismísimo Rubén Darío le dedicó estos versos: “Es la tarde gris y triste/Viste el mar de terciopelo/ y el cielo profundo viste/de duelo. Los violines de la bruma/Saludan al sol que muere/Salmodia la blanca espuma/Miserere. Pisotearon la arboleda/ Enhiesta desde Adán/No hay dolor más grande/Que su destino final/Reseca entre el escarnio.

El país pierde anualmente más de 350.000 hectáreas de bosques por actividades semi legales y clandestinas. Una de las palpables certidumbres de aquello la respiramos cada año, al momento que los chaqueos ensombrecen los cielos. La humareda se levanta con su pavoroso y dantesco mensaje, sin que la conciencia humana sea capaz de restañar las heridas que provoca por doquier. Bolivia ostenta el lamentable título de “depredador” del reino vegetal, disputando el quinto lugar en el planeta en materia de deforestación. ¿Cuántos árboles han sido inmolados impiadosamente en nombre del progreso?

Para el actual Gobierno, se han ninguneado todos los programas destinados a proteger los ecosistemas. Para los traficantes y usureros, es un tema menor, porque han envilecido sin rubor la riqueza arbórea. El reino vegetal yace moribundo a causa de los tiros a bocajarro disparados por la especie humana.

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