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Arce, Camacho y…Daza, la historia al revés

Ronald MacLean-Abaroa 28/10/2020 05:00

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Una lectura caprichosa y altamente ficcionalizada de la historia boliviana podría ser la siguiente:

Érase una vez un caudillo bárbaro y déspota, aferrado al poder, que deambulaba por Bolivia reprimiendo alzamientos de rivales que intentaban derrocarlo. Intuyendo la debilidad de nuestro país, fuerzas extranjeras se aprestaron a invadirlo para apropiarse de la fuente de ingresos de sus codiciadas exportaciones. Lejos de defender los intereses nacionales, el caudillo bárbaro prefirió sacrificarlos y perder de paso el Litoral boliviano con tal de no perder su Presidencia, mientras los vecinos de Calama heroicamente, luchando prácticamente con pititas, eran inmolados por el invasor.

Resultó que este, el caudillo bárbaro, terminó perdiendo ambos: el Litoral y la Presidencia. Esta última en manos de otro caudillo que jugaría posteriormente un decisivo papel en la política de nuestro país. El caudillo bárbaro y despótico era Daza, Hilarión Daza, y quien lo derrotó y depuso era Camacho, Eliodoro Camacho.

Depuesto el caudillo bárbaro, este dio lugar al surgimiento de uno nuevo, un caudillo ilustrado que supervisó muchos años de estabilidad política y auge económico. Ese nuevo caudillo ilustrado, además de ser muy acaudalado, apellidaba Arce. Aniceto Arce.

Camacho, el liberal, nunca llegó a la Presidencia de Bolivia, pero fue el actor decisivo no solo en el derrocamiento de Daza, sino también en la victoria de su región, La Paz, en la llamada Guerra Federal, frente al poder centralista de los conservadores en la capital Sucre. Así, los liberales o progresistas, apoyados por Camacho el federalista, se llevaron el Gobierno a la ciudad de La Paz, donde reside hasta nuestros días.

La saga de esa historia pudiera ser que el caudillo bárbaro y despótico moderno, en su afán de aferrarse al poder, no vaciló en una aventura descabellada de afrentar al otrora invasor del Litoral, y perderlo por segunda vez, 139 años después, esta vez en La Haya. Cansados los bolivianos del despotismo y el fraude del caudillo bárbaro Morales, Evo Morales, con pititas en mano, se rebelaron contra él, y nuevamente un Camacho, Luis Fernando Camacho, descendiente de Eliodoro, le dio el golpe de gracia y lo echó del poder.

Derrocado el tirano y caudillo bárbaro, Camacho el conservador perdió su oportunidad de hacerse con el poder ante un Arce, Luis Arce, calificado de “izquierdista”, o liberal como se llamaban a los progresistas en el siglo XIX. Arce, Luis Arce, más ilustrado que el caudillo de marras, toma el poder con un gran apoyo popular y… la historia está por escribirse. No sabemos aún si Camacho, Luis Fernando el conservador, llegará a la Presidencia algún día.

Ah, me olvidaba: cuando el caudillo bárbaro, que había huido al exilio, Daza, Hilarión Daza, trató de regresar a Bolivia, para relatar la verdadera historia de su pérdida del Litoral y delatar a los responsables de los crímenes de su Gobierno nefasto, fue asesinado antes de alcanzar la frontera...