Opinión

Argentina necesita un plan económico a largo plazo

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“Las políticas económicas de Argentina están dando resultados”. Los votantes no coincidieron con esta reciente evaluación del FMI sobre el progreso que ese país ha logrado con su programa de rescate de $us 57.000 millones.

El domingo rechazaron rotundamente al presidente Mauricio Macri en una elección primaria. Algo peculiar del sistema político es que las primarias son obligatorias para los votantes e incluyen a todos los candidatos, lo cual representa un buen indicador de opinión antes de las elecciones presidenciales de octubre.

El margen inesperadamente grande de la derrota de Macri ha confundido las expectativas de una contienda cerrada y ha hecho añicos la confianza del titular. Hace que el regreso de Macri sea muy difícil y puede indicar una victoria en la primera ronda para la dupla peronista de Alberto Fernández y la ex presidenta Cristina Fernández.

Quienes buscan una explicación para la magnitud de esa derrota no tienen que escarbar mucho. Argentina está en las garras de una recesión. La inflación es de más del 50%, el desempleo ha superado el 10% y el poder adquisitivo de los salarios se ha desplomado.

Sin duda, la herencia que Macri recibió de Fernández hace casi cuatro años fue terrible: una economía enferma y un déficit fiscal descomunal.

Su objetivo de curar Argentina mediante amplias reformas económicas fue loable. Pero escogió un mal momento para promover el cambio necesario y doloroso, durante la segunda mitad de su mandato de cuatro años.

Conforme se acerca la elección, los costos a corto plazo de la austeridad parecen haberse vuelto insoportablemente altos para la mayoría de los votantes y su margen de maniobra es mínimo. También puede cuestionarse el histórico paquete de rescate del FMI para Argentina, con el que su directora saliente Christine Lagarde estaba estrechamente asociada.

El fondo tiene un historial triste con Argentina, pues ha acordado más de 20 programas con este país, pero la mayoría terminó en fracaso. El último capítulo comenzó con un rescate a cambio de ahorros acelerados de presupuesto.

El FMI les aseguró a los críticos que había aprendido la lección de los fracasos pasados y que su paquete mitigaría el impacto de la austeridad sobre la parte más pobre de la población argentina. Sin embargo, la decisión de “adelantar” los desembolsos significa que la mayor parte de los préstamos se habrá gastado para el momento de la elección, lo cual reduciría el apalancamiento sobre cualquier administración futura.

La preocupación más apremiante a raíz de la devastadora derrota de Macri es evitar una gran crisis monetaria y de deuda. Las primeras señales no son alentadoras.

El peso se desplomó más de un 20% en las primeras operaciones del lunes y los rendimientos de los bonos del país aumentaron bruscamente. Los recuerdos de la administración de Fernández, que aplicó controles de precios, nacionalización e incumplimiento de la deuda, siguen siendo fuertes e inquietantes.

En este momento, Alberto Fernández, ex jefe de gabinete en las administraciones de Kirchner y Fernández podría desempeñar un papel crucial. Ha criticado mucho al FMI, pero ha dicho poco sobre sus posibles políticas económicas.

Fernández debería calmar las turbulencias de los mercados implementando rápidamente un programa económico claro y coherente.

Esto debería asegurar a los inversionistas que una futura administración Fernández y Fernández no repetirá los errores previos de un gasto público excesivo, controles de precios y nacionalizaciones, y respetará la independencia del banco central.

Si Argentina quiere romper su triste ciclo de populismo seguido de austeridad, seguido de más populismo, necesita urgentemente un consenso nacional sobre una política económica sostenible

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