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Primero fue el comandante de las Fuerzas Armadas, don Kalimán, quien amenazó a la política y a la institucionalidad republicana, al asegurar que en la institución que dirige no permitirán cambios en la estructura militar.

Después la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (Csutcb) advirtió a la Asamblea Legislativa, aún no electa, con movilizaciones “si el Movimiento Al Socialismo (MAS) no obtiene dos tercios de representantes y no logra controlar las Cámaras de Diputados y Senadores”.

Jacinto Herrera, máximo dirigente de los campesinos, alardeó de su experiencia de la primera gestión: “No hemos tenido dos tercios, se han empantanado muchas normas y la única posibilidad es movilizarnos para que se aprueben”. O sea, hablamos de un Parlamento presionado, de un Estado sin democracia.

De esto necesariamente salen varias preguntas que son pertinentes: ¿Esa es la democracia de los primeros 20 años del Siglo XXI, la democracia “armada y movilizada”? (militares y movimientos sociales juntos); ¿es la del autoritarismo y la sumisión? ¿Es casualidad que los campesinos “salgan luego nomás” de los militares con lo suyo? ¿O se trata simplemente la continuación de un plan de amedrentamiento y de “destape” del oficialismo que, preocupado por sus números electorales (los peores en 13 años), está dispuesto a generar otro discurso y se atreve a hablar, por interpósita persona, ensayando un discurso que desnuda las verdaderas intenciones al mejor ejemplo de Cuba, Nicaragua y Venezuela?

Puede parecer una exageración, pero no es tal. El partido de Gobierno aplica una lógica violenta y autoritaria, que no se condice con el “concertador” discurso presidencial del 6 de agosto. Lo hace por intermedio de esa especie de ‘satélites no orgánicos’, pero militantes, que dicen lo “incorrecto políticamente” en tiempos electorales, pero que tienen relación con discursos y acciones del propio Evo Morales, Álvaro García y los otros ministros, diputados, etc. dichos a lo largo de los 13 años.

Si acaso faltara algo, al cerrar la semana, el secretario general de la Csutcb afirmó: “Para nosotros el voto más seguro es en el área rural, donde decidimos orgánicamente el apoyo al presidente (Evo Morales).

Definitivamente, así va a ser, va a ser orgánico (el voto)” (ANF, publicado por El Día). Detalló que este tipo de voto se decide en los ampliados, asambleas o reuniones, donde se toman las decisiones; en este caso, se resolvería el apoyo al binomio gobernante “y los compañeros de las bases cumplen la determinación que se define en una asamblea” (misma fuente).

Teodoro Mamani, no tiene empacho de hablar del voto corporativo, del voto presionado, del voto vigilado, es decir, del voto que no es libre y, como ellos son así, a nadie se le ocurre manifestarse por esta “otra democracia” que parece estar asentándose en el país.

¿Cuál otra democracia? La corporativa, por supuesto. Debe recordarse que, en el corporativismo, los sectores se juntan en varios grandes bloques y centralizan la toma de decisiones en apenas un puñado de ellas. Eso lo sabe el masismo, y no les importa si aquello era el ‘summum’ del fascismo de Mussolini, igual lo aplican.

El problema es que en Bolivia esto no es posible porque en este país el voto es individual, voluntario, consciente y secreto, de manera que: o el TSE define medidas legales contra el dirigente por posible delito electoral o habría que comenzar a pensar en aplicar una regla que establezca que los votos de cada comunidad dominada por la Csutcb, vale un solo voto, independientemente de cuántos hayan depositado su papeleta sobre en el ánfora, habida cuenta de la condición ya citada.

Si se va a tener una elección con votos libres, secretos, conscientes y personales y otra de voto corporativo y obligado, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) debería decirlo antes, para que la comunidad política y los votantes sepan a qué atenerse y cómo actuar.

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