Opinión

Arrogancia y ninguneo a los ciudadanos

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27 de septiembre de 2018, 4:00 AM
27 de septiembre de 2018, 4:00 AM

La patética acción policial durante la celebración de los actos del 24 de septiembre en la plaza principal de Santa Cruz de la Sierra ha vuelto a exponer una actitud gubernamental de constante arrogancia y menosprecio a los ciudadanos que intentan expresar legítimamente sus ideas en las calles. Como en situaciones parecidas ocurridas antes aquí y en otras regiones, algunas autoridades han justificado los excesos policiales, han minimizado las protestas y han lanzado adjetivos agresivos contra sus protagonistas, en una clara muestra de ceguera que únicamente aleja a los gobernantes de sus ciudadanos en vez de acercarlos.

En lugar de admitir que las protestas son un síntoma del creciente descontento social y que se deben atender sus causas estructurales, algunos altos funcionarios han optado por la descalificación, que solo aumenta la ofensa y la beligerancia, en tiempos en los que la población espera una convivencia pacífica y que sus autoridades respeten sus pedidos. Es incomprensible cómo en vez de apaciguar los ánimos optan por la provocación. No conduce a un entendimiento el ninguneo a las movilizaciones ciudadanas con descalificaciones como las de “revoltosos o bochincheros” o con lecturas que interpretan la reacción de una parte de la población reunida en la plaza 24 de Septiembre como de “intolerancia fascistoide”. ¿No es acaso una muestra mayor de intolerancia levantar un “cerco policial” en el corazón de la ciudad para evitar dizque que la gente empañe la fiesta con reproches a sus autoridades? La errónea lectura ha llevado también al oficialismo a concluir que los que se manifestaron en la plaza son “funcionarios públicos” o gente “que tiene tiempo para protestar”. Es una ofensa para quienes defienden su derecho de expresarse libremente en un espacio público de propiedad colectiva y no solo de los que detentan el poder. El legítimo dueño de la plaza 24 de Septiembre es el pueblo cruceño, por lo que nadie le puede impedir manifestar sus sentimientos dentro de ella pacíficamente y sin ofender a otros ¿Es acaso una ofensa levantar la verde, blanco y verde y pedir que se respeten los valores de la democracia?

Es probable que la estrategia comunicacional del oficialismo de minimizar las protestas pacíficas se reitere en los meses que vienen antes de las elecciones. Es posible que el lenguaje beligerante y las acciones de amedrentamiento también se multipliquen, cuando la meta principal es la reproducción del poder. Ante esa posición inalterable, los ciudadanos deben evitar caer en el juego de la provocación y no abandonar nunca las vías constitucionales para la reivindicación de sus derechos. Cualquier respuesta ciudadana violenta le dará argumentos al poder para victimizarse y para sostener la descalificación constante. Por ahora hay que entender que la arrogancia aleja a los gobernantes de sus ciudadanos y que la factura puede ser muy alta.

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