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OPINIÓN

Asamblea, cuello de botella; y los “pecados” oficialistas

5/8/2020 03:00

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Freddy Terrazas Sedlak

La principal misión del gobierno transitorio es la de tender un puente entre la democracia disfrazada y fraudulenta en la que vivimos por 14 años y la renovada esperanza de vivir bajo una democracia plena. Ese puente se llama elecciones, y debe tener ciertas características innegociables, para transitar el camino hacia una democracia representativa y duradera, ser transparentes, justas y participativas.

Todo este proceso debió hacerse en tiempo récord y con máxima eficacia, ante un pueblo ansioso que empezaba a respirar esperanza y libertad. Sin embargo, el proceso nació con un pecado capital, la decisión de mantener una asamblea legislativa con amplia mayoría del partido que persiguió el prorroguismo y propició el fraude. Este órgano, en la práctica, dicta las reglas del actual proceso electoral y está determinando la suerte del país, bloqueando los recursos necesarios para enfrentar la pandemia y salvar la economía.

Los ciclos de la Asamblea y del gobierno transitorio no tienen por qué ser iguales, la Asamblea tenía un periodo definido de gestión y el Gobierno más que un periodo, tiene una misión fundamental, llevar a cabo elecciones transparentes.

La Asamblea y El gobierno transitorio persiguen objetivos totalmente contrapuestos, dos tercios de la Asamblea son parte del cáncer que decidimos extirpar, y el Gobierno, tiene la misión de reencaminar el proceso electoral. Con pandemia o no, el objetivo de tener elecciones limpias y equitativas, se hace imposible, bajo el actual sabotaje legislativo.

El segundo pecado capital fue que la presidente lanzó su candidatura, convirtiéndose en juez y parte, desvirtuando el proceso transicional. Esta acción, empantanó su gestión, sumando un obstáculo más a la ya difícil situación del país.

Por tanto, es absolutamente necesario que el Gobierno comience a redimir sus pecados, retirando la candidatura de la presidente, cesando a la Asamblea, y vía el Poder Ejecutivo, reencamine el proceso electoral con una nueva convocatoria a elecciones. Una nueva convocatoria es el camino que otorga tiempo y viabilidad legal para corregir los vicios del proceso electoral, incluyendo la revisión del padrón, la reestructuración del órgano electoral y la redistribución de la representación parlamentaria, bajo la consigna democrática de un boliviano un voto.

Más vale esperar unos meses, que por cierto, serán muy ocupados con el combate a la pandemia, prioridad absoluta de los Estados en el mundo, que dirigirnos a la boca del lobo con un proceso electoral en similares condiciones que el anterior, donde la transparencia y legitimidad serán sin duda cuestionada, trayendo como consecuencia, convulsión y desgobierno en los años venideros.