OpiniónOPINIÓN

Asfixia

30 de abril de 2020, 3:00 AM
30 de abril de 2020, 3:00 AM

Los periódicos son la prensa, por esencia y naturaleza. Su nombre viene de una máquina que servía para imprimir, por presión de planchas entintadas contra el papel, y después se extendió a los talleres donde se hacía esa labor. Allí se imprimían los periódicos así que el nombre fue aplicado, también, al periodismo.

En esta cuarentena se produjo un hito en la historia del periodismo boliviano: la suspensión de las ediciones impresas de la mayoría de los periódicos del país.

En Bolivia, los orígenes del periodismo están en las pinturas rupestres que subsisten tanto en tierras altas como bajas, pero los periódicos tienen su antecedente en los primeros impresos con intención de continuidad, como El Telégrafo (1823), La Gaceta de Chuquisaca (julio de 1825), El Cóndor de Bolivia (octubre de 1825) y El Iris de La Paz (1829).

A mediados del siglo XIX, los periódicos se extendieron a casi todo el país y eran símbolos de los pueblos civilizados. En el cambio de siglo, era impensable una ciudad capital sin un periódico, así que aparecieron varios en estas.

Con todo y la inquina de los gobiernos, la prensa se estableció como tal y hasta logró establecer una jurisdicción especial con la Ley de Imprenta (1925). Sufrió persecuciones, cierres, clausuras, y hasta el destierro y asesinato de periodistas, pero su verdadera debacle colectiva comenzó con el gobierno de Evo Morales.

Aconsejado por los periodistas que cooptó, y los ideólogos de la dominación, Evo convirtió a la prensa en su enemiga y sus ministros de comunicación comenzaron a manejar la publicidad estatal de manera discrecional. Se suspendió contratos con los medios que no le echaban flores al régimen y todo ese dinero fue redistribuido, no solo entre los medios estatales, que se multiplicaron, sino en los paraestatales; es decir, aquellos que fueron adquiridos, a través de terceros, con el fin de uniformar los mensajes gubernamentales.

Sin la publicidad estatal, que representaba su mayor ingreso, los medios independientes enfermaron de muerte. Su agonía duró casi 14 años. Los que no cerraron vieron una luz con el cambio de gobierno pero, cinco meses después, comprueban que se equivocaron porque la nueva administración no cambió las cosas.

La publicidad sigue distribuida sin equidad y, para colmo, la cuarentena obligó a suspender ediciones impresas por primera vez en la historia, con el fin de no arriesgar a los canillitas.

Los periódicos se han quedado sin ingresos y esperan que el gobierno les tire un salvavidas. Evo les cortó el oxígeno y Jeanine mantiene cerrada la llave.
    







Tags