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A propósito del cambio de eje en las relaciones bilaterales que antiguamente existían entre Bolivia y Estados Unidos, hoy entre Bolivia y China, que han venido acompañadas por las intensas acciones desplegadas por el Gobierno nacional, procurando acordar compromisos con la segunda economía más poderosa del mundo, mantienen –como siempre- una balanza comercial desfavorable para nuestro país.

Y lo que se evidencia es que a nuestra sociedad le sigue faltando conocer mejor lo que representa el ámbito internacional y cómo éste debe asimilarse y utilizarse en beneficio de los intereses nacionales. Para todos es conocido las reiteradas visitas de nuestro jefe de Estado a China, acompañado de parte importante de su gabinete.

Hubo tanto de relaciones internacionales como de política internacional y política exterior. Evidentemente el “China Aid” (ayuda económica China) cartel publicitario de todas las obras chicas o pequeñas que se financian con recursos chinos, tienen una connotación más que comercial y se encuadra directamente en el ámbito geopolítico.

Aunque resulte apenas desapercibido por los medios de comunicación y algunos sectores de la opinión pública, vale la pena un intento por aclarar que se trata de cuestiones diferentes. Aunque no haya suficiente espacio para profundizarlo, debe anotarse que las relaciones internacionales (además de ser una disciplina) se explican como la interacción entre actores transfronterizos de todo tipo (legales e ilegales, legítimos e ilegítimos, convenientes e inconvenientes, etc.), en diferentes niveles.

La política internacional, por su parte, explica interacciones similares, pero en el terreno exclusivo de la política; es decir, las relaciones entre Estados (gobiernos), organizaciones intergubernamentales y actores de tal naturaleza.

Sobre esta última resulta válido anotar que con frecuencia se trata de labores reactivas frente a eventos o comportamientos de terceros.

Finalmente, la política exterior se define como una estrategia exclusiva de los gobiernos, con objeto de satisfacer las necesidades domésticas (trazadas a partir del ejercicio político), y que se ancla tanto a los valores y principios, como a los intereses definidos por los tomadores de decisión (élite gubernamental), bajo la categoría de nacionales.

Expuesto esto, y teniendo el Plan Nacional de Desarrollo sobre el escritorio, debe anotarse que Bolivia (su gobierno), ha determinado mantenerse, e incluso profundizar, una de las estrategias internacionales del gobierno, apoyada casi que, de manera exclusiva en el tema de cooperación, la pregunta es ¿a qué costo? Así, la consecución de los aliados debería tener como fundamento el principio de trazar alianzas con Estados (gobiernos o economías) que se interesen en la producción nacional y negocien con Bolivia acuerdos de ese tipo.

Detrás de los nexos comerciales, se tejerán los demás; no al revés, como se ha hecho hasta la fecha. China no es plenamente socialista pero es un régimen autoritario. No se debe confundir a los regímenes autoritarios con los socialistas, pues estos no siempre van de la mano. Sin ser ni bueno ni malo, porque esa categorización no existe en las relaciones internacionales, la política exterior boliviana se reorienta hacia esa China autoritaria. Todos sabemos que esto es asunto de intereses, pero otra vez la pregunta ¿a qué costo?

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