Opinión

Aún hay mucho que nos divide

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2 de abril de 2017, 4:00 AM
2 de abril de 2017, 4:00 AM

Cuando cayó el Muro de Berlín en 1989, el mundo se imaginó como un lugar sin barreras, impulsado por los mercados libres y la globalización. Pero desde entonces, los muros fronterizos se han convertido en una respuesta generalizada ante las vulnerabilidades y amenazas a la seguridad económica y política. Prácticamente inexistentes después de la segunda guerra mundial, el número de muros fronterizos ha crecido de manera constante, alcanzando 70 en este siglo. 


A través de la historia, se han utilizado los controles físicos  para asegurar las ventajas comerciales; para contener a las poblaciones profundamente divididas debido a sus ideologías; para proteger a los países de la afluencia incontrolable de refugiados y migrantes y de los traficantes de personas y bienes; y para separar a vecinos propensos a la guerra. 


El reciente número al alza de muros es una reacción a los ataques terroristas en EEUU el 11 de septiembre de 2001, a la Primavera Árabe en 2011 y a la crisis de migración en Europa, según Elisabeth Vallet, de la Universidad de Quebec, Montreal. Dice que un tercio de las barreras fueron erigidas para poner fin a un conflicto, como el problema entre el norte y el sur de Chipre, las dos Coreas e India y Pakistán. Pero en años recientes, “han surgido tres tipos distintos de muros: muros antiinmigrantes (el tipo más común), muros antitraficantes y muros antiterrorismo”. 


Con la creciente demanda para estas estructuras, está aumentando el gasto en vallas y muros. Por ejemplo, un tercio de los 3.200 km de la frontera entre México y EEUU ya cuenta con una valla, pero el costo del muro propuesto por Donald Trump podría ser de hasta $us 21,6 mil millones, según los estimados del Departamento de Seguridad Nacional.


Los críticos argumentan que el muro dañará el medioambiente, que es impráctico debido a la naturaleza cambiante de los ríos y desiertos, que no puede ser vigilado fácilmente y que fomenta una mentalidad de asedio ultranacionalista. “Si ese dinero se invirtiera en misiones de paz o hacia responder al cambio climático que provoca inseguridad alimentaria y migración”, dice Vallet, tendría el potencial para cambiar “el curso de la historia”.  Ella añadió: “Necesitamos invertir en misiones de paz, en seguridad.

 
Las barreras fronterizas han proliferado alrededor del mundo desde la segunda guerra mundial, conforme las sociedades se han polarizado y han incrementado las tensiones entre las naciones. La práctica de erigir o reforzar las barreras se ha visto a través de la historia pero se ha desarrollado notablemente en el pasado reciente  

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