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12 de mayo de 2018, 4:00 AM
12 de mayo de 2018, 4:00 AM

En el viaje de la vida, a veces cargamos con grandes lastres que limitan nuestro vuelo en libertad: son los autojuicios que equivocadamente vamos alimentando, dándoles fuerza y que tanto nos perjudican. ¿Tienes la vida que quieres? ¿Qué te limita? ¿Dónde, cuándo y a quién le compraste esos juicios? Recuerda que tus pensamientos definen tu realidad, es decir, eres lo que crees. 

Todo juicio cobra vida en la realidad a través de las etiquetas. El problema con ellas es que son simplemente cáscaras que contienen interpretaciones. Cuando somos capturados por una etiqueta, somos tomados por opiniones y creencias. Es decir, aceptamos voluntariamente declaraciones sin evidencia de su validez. Nos etiquetan desde una edad temprana –la familia, profesores y amigos–. Y estas etiquetas, acerca de nuestra apariencia, personalidad, de cómo trabajamos, de nuestro estilo o comportamiento general, se repiten tan a menudo que parecen ser verdad.

Esas etiquetas o juicios de terceros sobre nosotros pasan a ser perjudiciales cuando los damos por ciertos sin ni siquiera cuestionarlos. Frases como “es que yo soy…”, “es que yo no sirvo…”, “es que yo soy malo para…” representan la verbalización de autojuicios que no son para nada ciertos. 

Cuando nos aplicamos etiquetas, nos ponemos un filtro en la manera como nos vemos y vemos al mundo. Dicho filtro estrecha nuestra visión y reduce nuestras posibilidades. Las etiquetas son inflexibles y rígidas. No nos permiten ser o comportarnos de manera diferente a la mal llamada “normalidad”. Una etiqueta puede convertirse en una creencia limitante que nos mantiene atascados, incluso cuando queremos cambiar. Siempre hay un juicio –positivo o negativo– que va con nuestras etiquetas. Las creencias dirigen nuestros pensamientos.

Los autojuicios nos sabotean y limitan nuestro poder de acción. Es fundamental dar pasos cada día para aceptarse a sí mismo como un ser infinitamente complejo y en constante evolución. Cultivar la aceptación y la autocompasión se hace imprescindible.
¡Nunca es tarde para transformar autojuicios en pensamientos constructivos y convertirnos en mejores y más felices seres humanos!

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