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Hasta hace unos años era usual apreciar hermosos ejemplares de piyo o avestruz americano en las pampas de Viru Viru, pero la urbanización de la zona norte cruceña espantó a esos animalitos muy lejos de allí y ya no es posible admirarlos.

Allí mismo, en el aeropuerto de mayor tráfico del país, puerta de ingreso aéreo principal de viajeros nacionales y turistas extranjeros, llama poderosamente la atención desde hace cinco meses la aparición de funcionarios aduaneros que más que tales parecen sedientos saqueadores de pertenencias, a quienes los viajeros bautizaron en redes sociales como ‘aves de rapiña’.

Cada vez que llegan vuelos procedentes del exterior, ellos están allí, prestos para su rutina de remover los equipajes, introduciendo sus manos en maletas, maletines, bolsas y mochilas, buscando quién sabe qué, para quedarse con cuanto objeto ellos juzguen que sí, porque sí.

El extremo es tal, que no tienen inconveniente incluso en levantar a la vista de todos los presentes las prendas íntimas de las personas, limpias o sucias, eso les da igual, en un reprochable gesto de invasión de la privacidad de las personas y vulneración de su dignidad.

Lo remueven todo, y allí donde ven una prenda o un objeto nuevo, un frasco de vitaminas en tiempo de pandemia o algún presente que el viajero trae para algún familiar o amistad, ellos lo requisan sin mayor explicación y nadie conoce el destino de esos decomisos, aunque no es difícil suponer que al final de la jornada se los reparten entre los integrantes de la bandada.

La ley boliviana tiene un régimen de viajeros que otorga a cada persona una franquicia para introducir al país compras de uso personal hasta un valor de 1.000 dólares cada tres meses, y aparte de eso las personas pueden traer artículos de uso personal como una máquina fotográfica, computadora portátil, celular, filmadora, artículos de deporte, y otros. Pero los aduaneros no respetan la norma y quitan al viajero todo lo que pueden.

Hace cuatro años, la Aduana de Viru Viru estrenó cinco modernos equipos de escaneo para reemplazar el obsoleto botón rojo/verde que definía al azar a quién se revisaba y a quién no. Pero el remedio resultó peor que la enfermedad, los escáneres de ‘inspección no intrusiva de equipajes’ se utilizan pero no cumplen ninguna función: sin importar en contenido de los equipajes que pasan por el escaneo, todas las maletas, cajas, maletines, bolsas o mochilas son revisadas manualmente sin excepción.

Incluso los propios viajeros son obligados a despojarse de toda prenda de abrigo, cinturones y el contenido de los bolsillos, para pasar por el arco detector de metales como se hace cuando se ingresa a una zona de preembarque. Solo que en este caso se lo hace para que la persona salga a la calle a tomar un taxi.

Ese trato humillante por el manoseo de las pertenencias y el paso de las personas por un marco detector es un trofeo exclusivo de Bolivia. Si el país quiere buscar primeros lugares competitivos en alguna materia, acá acaba de ganarse uno nuevo: Bolivia es el único país del mundo que busca contrabando hasta en las medias sucias o la ropa íntima usada de los viajeros, revuelve las pertenencias, no deja mochila ni cuerpo sin revisar cuando la persona llega del exterior del país y donde el funcionario aduanero se queda con las compras ajenas que él elija.

¿Están informadas de estos abusos/robos la presidenta ejecutiva de la Aduana Karina Liliana Serrudo Miranda, o la gerente regional para Santa Cruz Romina Lena Pérez Arias? ¿O son órdenes de ellas las que cumplen esos funcionarios aduaneros? Alguien tiene que frenar los abusos de las aves de rapiña de Viru Viru, que es una vergüenza para el país. El contrabando entra en miles de toneladas por tierra en las fronteras, y no en la maleta personal de un viajero que llega en avión.



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